Puesta de largo de la Convocatoria Cívica en Sevilla


Hasta la puesta en escena fue diferente a las de los partidos políticos que llevan gobernando a sus anchas desde 1978. El auditorio de la Facultad de Derecho no es que estuviera lleno, sino que el aforo se superó habiendo hombres y mujeres sentados en el suelo, en el borde del mismo escenario y de pie. Personas algunas que ya están en la octava década y el resto formando parte de las sucesivas generaciones que hay hasta los que están en los veinte. ¿Qué quiere decir esto? Que una parte del pueblo español está vivo y deseoso de cambiar las circunstancias de todos. Que las justas reivindicaciones y los problemas son de todos y a todos nos afectan y, por tanto, todos estamos obligados a corresponsabilizarnos en la búsqueda de soluciones.
El lugar no podía ser más simbólico, la Facultad de Derecho de Sevilla. De ella décadas atrás ha salido gente que ha llegado a los máximos cargos de responsabilidad ejecutiva y parlamentaria en este país, y cuya contribución a la partitocracia, oligarquía y corrupción imperante es manifiesta. Y conforme se vayan esclareciendo los múltiples casos judiciales o los que se puedan abrir, más se conocerá la historia real de esos tipos frente a la historia oficial falsa vendida a través de sus medios de propaganda.
Cualquier facultad de Derecho o de cualquier disciplina tendría que ser un ejemplo de ética, más aún la citada porque en ella se abordan las cuestiones de la Justicia, la Legalidad y la creación del ordenamiento jurídico que regula la convivencia ciudadana. Y la historia de los últimos cuarenta años demuestra que en España como en el resto del Mundo se ha abusado torticeramente de legislar y gobernar a base de decretazos al servicio de una plutocracia financiera, sindical, política y burocrática. Todo ello dando la espalda a los pueblos de quien emana la soberanía.
Pues como os decía, hasta la llegada de los conferenciantes y del público fue distinta. Unos y otros entraron a pie por la misma puerta y haciendo una demostración de cómo acceder al auditorio sin prisas, ni agobios ni molestarse cuando hay tantas personas concentradas. Un ejemplo de ser cívicos. E igual ocurrió cuando dos horas después todos se marcharon. Agradecer también la labor de un agente de seguridad que con su buen hacer contribuyó a ello, otro caso manifiesto de que cuando alguien hace bien su trabajo no se necesitan las escoltas que tanto cuestan al erario público. Por cierto, dinero que se podría invertir en Sanidad, Educación, I+D+i, Justicia…
Y de todo ello y de cómo abordar y dar respuestas a la corrupción mundial hablaron los Baltazar Garzón, Almudena Grandes, Juan Torres, Lina Gálvez, Chamizo, Juan José Téllez, Pilar González, Antonio Gutiérrez, Blanca Rodríguez, Luis García Montero y Federico Mayor Zaragoza –éste por videoconferencia grabada–.
Estas personas se presentaron como un grupo abierto a la ciudadanía de la que forman parte para integrar a partidos políticos y movimientos sociales contrarios a los métodos establecidos. Proponen una actuación y filosofía horizontal que promueva las prácticas de abajo hacia arriba. Se declaran antigurús y aspiran a ser solo un cauce frente al descontento ciudadano, no quieren ni pretenden ser un partido político. Defienden a ultranza los derechos humanos en nuestro país y planeta. Todo ello recuerda, al menos a quien escribe esta crónica, a la Agrupación al Servicio de la República, entidad que sí fue partido pero solo durante el proceso constituyente de la II República y que una vez cumplido con el propósito y las responsabilidades que se marcaron, se disolvió y sus miembros volvieron a sus tareas cotidianas.
Desde la Convocatoria Cívica se insistió en que todas las instituciones estatales sean auditadas de manera justa y transparente para luchar contra cualquier práctica corrupta. Para lo cual el reforzamiento de la acción judicial y la superación de la tecnocracia son cuestiones decisivas. Dado que los problemas del mundo son muy semejantes y en algunas circunstancias son los mismos, consideran necesario la refundación de las Naciones Unidas para que las inversiones que desde hace años se hacen en armamento, por un lado, se destinen a priorizar la alimentación, el acceso a la vivienda, al trabajo digno, a la sanidad, o la educación. Y, por otro, que lo que haya que destinar a defensa se comparta entre los países.
Y como todo empezó, todo acabó, con un sencillo hasta pronto. Unos y otros con civismo salían juntos por los pasillos, las escaleras y puertas por los que entraron. Eso sí con el ánimo reforzado por dar un paso más en la tarea personal, intergeneracional y colectiva que se han marcado. Quién sabe si igual que se superó el aforo del auditorio de la Facultad un día se podrá llenar el graderío de un campo de fútbol, ¿por qué no?

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