Rayos de esperanza y paz en República Centroafricana


Niños sonriendo con sus barritas de muesly.

Parece que la paz puede llegar a República Centroafricana, pero aún tenemos que poner la interrogante porque aún hay circunstancias que vencer a corto, medio y largo plazo. A corto, que los criminales de Josep Kony sean desarmados por completo. A medio y largo, que el dolor causado por las heridas de la guerra vayan cicatrizando con una labor de concienciación y perdón personal y colectiva. Es necesario que las generaciones mayores y las más jóvenes se comprometan a hacerlo posible.
Está sentado Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, en la Catedral de su diócesis, aunque su auténtico ropaje y capa es la de misionero comprometido con República Centroafricana desde hace casi dos décadas. Charla en francés con Idriss Bertrand el nuevo comandante Seleka en la zona. El militar come con apetito un gran tazón de chocolate con una rebanada de pan que empapa en el cacao. Está exquisito, se trata de chocolate de Costa de Marfil, uno de los mejores que hay en el mundo. Aquel soldado con rango, es un gigante de ébano, tiene gafas de profesor universitario y su mirada es directa. Le comunica a Aguirre que Adballah, el terror de la diócesis de Bangassou desde el pasado 11 de marzo, causante junto a sus tropas mercenarias de la barbarie en aquellas tierras, ha sido desarmado y van a ser juzgados en Bangui.
Aguirre junto a varias personas en la misión.
Aguirre durante su charla cercana y comprometida con Bertrand le hace saber que ahora llega una ardua tarea. Por un lado, desarmar a los civiles cristianos y musulmanes para que la concordia y la paz cuajen. Y, por otro, lograr una conciencia de perdón capaz de sanar las muertes, violaciones, robos y demás ataques que han sufrido los derechos fundamentales de los hombres y mujeres de República Centroafricana desde que se desató la Guerra Civil.
Ambos se dirigen hasta el aeropuerto para acompañar al sanguinario Adballah y a sus cinco lugartenientes más depravados que se van a enfrentar a la Justicia en los próximos días. Se acumula en el aeródromo la multitud que emite todo tipo de injurias contra aquellos seis criminales. A pesar de las locuras que ellos han practicado y que nosotros hemos sufrido, Aguirre nos hace saber que se acercó hasta ellos para darles la mano y poner una gota de humanidad ante los sapos que les caían desde la grada. Asume que forma parte de su carácter a contracorriente.
Tras despedirse del nuevo responsable militar, Bertrand, Aguirre recapacita sobre los últimos meses y acerca de la jornada anterior. Lo relatado acaecía el pasado 4 de octubre, y un día antes, festividad de San Francisco, patrón de la mansedumbre, se producía un hecho paradójico. Él en su Jeep sacaba al imán de la mezquita camuflado para evitar que la muchedumbre atentara contra el religioso musulmán. Los ánimos estaban muy caldeados no solo por la locura de los últimos meses sino también porque el 4 de octubre mis gestiones para liberar a un hombre bueno fueron infructuosas, ya que el sanguinario Abdallah se negó a darle la libertad. Recuerda Aguirre los tics nerviosos, el desprecio en la mirada, el afán de lucro y las excusas con que Abdallah actuaba durante aquella reunión.
Un enfermo disfrutando de su nueva silla de ruedas.
La respuesta de la gente dolida y ultrajada tras el encuentro fue cortar árboles para bloquear las salidas de Bangassou y practicaron desquites contra los colaboracionistas de los Seleka. A pesar de ese ambiente infernal, Aguirre pudo sacar sano y salvo al imán.
Se abre un nuevo tiempo que esperamos sea distinto para República Centroafricana, para su pueblo. Pronto llegará el primero de los envíos humanitarios que partió desde Córdoba a finales de septiembre. Mientras tanto, el Rick´s Café os da a conocer los rostros de esos niños, hombres y mujeres cuando recibieron el envío humanitario en agosto. Había partido de España en noviembre de 2012, pero el conflicto civil impidió su llegada hasta nueve meses después, todo un embarazo y parto. Vemos como recursos básicos para la vida cotidiana les hacen felices: unas barritas de chocolate y muesly, las sudaderas y rebecas, las pastas, los neumáticos, el material sanitario, las sillas de ruedas, …

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