Una bibliotecaria ejemplar


Eso era Asen Uña, la bibliotecaria de la Ortega. Hace unos días, he sabido por una amiga de su muerte hace un año. Salió su persona como salen siempre quienes merecen la pena: hablando de ella poniéndola como ejemplo de ser humano lleno de bondad y sensibilidad.
Recuerdo la primera vez que la vi, a media mañana de un día de primeros de noviembre de 1999. Entré en la biblioteca de la Ortega y allí estaba ella sentada en su puesto de trabajo como cualquier jornada. Habíamos terminado los estudiantes de doctorado en Estudios Europeos la primera clase del curso El pensamiento español sobre Europa que impartía Beneyto y me dirigí a la biblioteca para buscar El sentimiento trágico de la vida de Unamuno.
Me saludó al levantar la cabeza con su voz dulce y clara, familiar a pesar de no conocernos, su cortada cabellera al estilo varonil a caballo entre el gris y el blanco, su mirada a los ojos, su rostro fino y angulado. Tiempo después comprendí que el ambiente tranquilo y pacífico que percibí en aquella biblioteca, era el que ella junto al resto de su equipo le habían dado. Se sentía la paz entre aquellas paredes, sentado en sus mesas de estudio, entre sus anaqueles. Entraba la luz clara a través de sus altos portalones de principios del siglo XX, esa claridad que fue el lema de la vida y obra de Ortega. Está claro que las personas hacemos los sitios.
Busqué aquel libro de Unamuno pero no lo encontré. Sin embargo, por esa costumbre de buscar que tenemos los ratones de biblioteca, descubrí un facsímil del puño y letra de D. Miguel titulado Del resentimiento trágico de la vida. Lo escribió en sus últimos días de vida, lo terminó unas horas antes de marcharse para siempre y encontrarse con la respuesta que tanto le atormentó a lo largo de su existencia: ¿existirá la otra vida?
En aquel definitivo ensayo Unamuno con su pasión, vehemencia y lucidez de costumbre renegaba de aquellos dos grupos de españoles que estaban enfrentados desde hacía unos meses y que habían arrastrado al pueblo español a la maldita Guerra Civil. El viejo bilbaíno, vasco y español, dando la bienvenida a su muerte, se decantaba por la tercera España, esa a la que casi nunca se le ha dejado crecer, madurar y reinar en república o monarquía, esa ajena a los extremismos de entonces y de ahora. Esa que amaron y cultivaron él, Ortega, Marañón, Zambrano, Machado, Marías, Ayala, Zambrano, Juan Ramón, Zenobia, y tantos hombres y mujeres que nunca quisieron la contienda ni practicaron el cainismo ni la envidia.
Es curioso ahora que escribo este perfil en sentido homenaje a Asen, que todas esas piezas de nuestra historia se crucen y cuadren en la segunda década del siglo XXI. Se me viene a la memoria la serie de correos electrónicos que me crucé con ella hace ahora dos años. Una mañana recibí por sorpresa su correspondencia indicándome si el ejemplar de la tesis doctoral La persona según Ortega y Marías, dos filosofías para el siglo XXI, era la mía, aquel doctorando de la casa. Le comenté que sí, ella la estaba catalogando dentro de la serie dedicada al maestro. Ella y otros compañeros llevaban años revisando y organizando todo lo relativo y valioso a Ortega. La alegría fue enorme. Le puse al día sobre lo que me había obligado a defender mi tesis en la Universidad de Sevilla en su Facultad de Ciencias de la Comunicación, cuando en un principio lo tenía que haber hecho en la Ortega. Gajes de la vida, de ser honesto y coherente, de ser leal a mi vocación, de ser discípulo de Ortega y Marías. Le remití un ejemplar de mi novela Volver a amar (la catarsis), que acababa de salir al mundo.
Ahora cuando suspiro recordando cada momento compartido cara a cara en la Ortega, o vía electrónica, espero que un año después de su fallecimiento allá donde esté siga siendo feliz. Regalando esa paz y elegancia con la que hizo su vida acá. Ojalá la doctoranda que me hizo saber esta semana que hace un año habías emprendido el último viaje, pueda ver cumplido su justo y valioso sueño. Si tengo la alegría de participar en él, te aseguro Asen que te dedicaremos su doctorando. Un abrazo amiga.

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