Fran Álvarez Charneco: "La felicidad es el propio camino que hacemos cada día"


El escritor Francisco Álvarez Charneco.
Se sienta el Rick´s Café a escuchar al escritor Francisco Álvarez Charneco que ha sido galardonado por su novela Donde crecen los otoños (Bohodón Ediciones) como finalista del XV Premio Ciudad de Mérida “Juan Pablo Forner”.
A través de esta obra nos reencontramos con el mundo cotidiano, con esos hombres y mujeres que a pesar de las adversidades de la vida no se rinden a sus sueños y proyectos vitales. Recurre al personaje del literato Javier Moreno Galván para reconciliarnos con el amor hacia las personas imprescindibles (la pareja, el padre, la madre, …). Hace un canto a aquellos que vivieron en tiempos de posguerra y vencieron los prejuicios, los obstáculos y los intereses creados de entonces. Se revela frente a los miedos personales y sociales de este tiempo.
Donde crecen los otoños en este tiempo de crisis es un homenaje a aquellas personas que han levantado negocios y empresas en tiempos más difíciles a estos, rompiendo así con una imagen estereotipada y bastante incompleta de Andalucía y España.
La novela está construida a partir de símbolos unidos a personas. ¿Qué te incitó a escribirla así?
Creo que es una manera bastante gráfica y visual para que quedasen claros los conceptos que quería transmitir en la obra. La dulzura de la madre con el olor a vainilla, el martirio con la angustia del sacerdote por un amor imposible, el arte y la belleza asociados a la figura de María, la literatura que mana por la piel en forma de harina de un panadero de pueblo. No sé, recursos que me valen a mí como escritor para descubrir un submundo de emociones y sentimientos y al lector para asociar sensaciones y escalofríos.
A través del personaje del panadero y de la fábrica de bolsas de Oviedo rompes con esa imagen de una Andalucía y España poco industrializadas y emprendedoras. ¿Qué enseñanzas podemos recibir de estos pioneros?
Pues sí, he querido romper con los tópicos absurdos que se tienen de nuestro país. Aquí, en nuestra tierra, siempre hubo gente emprendedora, luchadora, persiguiendo sus sueños íntimos y personales, abriéndose paso a dentelladas a pesar de las dificultades, en este caso, a pesar de una posguerra criminal y represora, y que trataban por todos los medios posibles de acercarse al progreso imparable de otras partes del mundo como el resto de Europa o América, haciendo auténticos malabares para avanzar como podían en conocimientos y diversidad. No se valoró entonces lo suficiente porque éramos un territorio cerrado a cal y canto. ¡Santiago y cierra España! Sólo se sabía de lo que convenía, de lo que interesaba. Incluso hoy, a pesar de las dificultades de una dura crisis, muchos intentan salir a delante a base de ideas pioneras y con mucho esfuerzo. Todos ellos dándonos a todos un ejemplo de ímpetu y lucha a tener en cuenta por las generaciones venideras.
¿Qué terapia ofrece la escritura al novelista y al hombre?
En este caso, hablando de Javier, el protagonista de mi novela, es una terapia constructiva y redentora. Le sirve para encauzar su vida, los caminos correctos que le llevarán tarde o temprano a la luz y al encuentro de la verdad. No olvidemos que no hay caminos hacia la felicidad, que es la felicidad el propio camino que hacemos cada día. No se puede vivir con metas, la meta es levantarte cada mañana y luchar por tus sueños. A Javier, las palabras que va hilvanando le marcan el rumbo de su vida. Y se pasa toda la novela buscando las palabras adecuadas para encontrarse a sí mismo y ser una persona auténtica y con valores positivos que le ayuden a ser feliz.
¿Cómo ves el futuro de las personas que, como el personaje de María, arriesgan su vida por su vocación y valores?
Hoy por hoy, el futuro de esta clase de personas se me antoja delicado e incierto. Las prisas, hacer dinero fácil y rápido, la política, la comodidad de un sillón, mirar para otro lado, no cabe la menor duda que son los reyes de este mundo que conocemos. Hay que poseer grandes convicciones personales para creer en ti mismo y en lo que quieres llevar a cabo a lo largo de esta historia que te ha tocado vivir. Para eso hace falta madurez, conocimiento y una gran dosis de latidos para hacer que el corazón bombee a las revoluciones requeridas para una entrega total y, cómo no, para el amor. Un amor que deberíamos poner siempre en todas las cosas que queremos y deseamos: el amor a tu gente, a tu filosofía de vida, a tu trabajo, a tu futuro.
Javier Moreno Galván, el protagonista, tiene llagas como Cristo. Es incrédulo como Tomás. ¿Qué tenemos de uno y de otro?
Es la vida misma. Creer y no creer. Sufrir o ser feliz. Las llagas nos recuerdan la fragilidad del hombre, pero también su lucha. Me desangro por ti y eso me hace mejor persona. Te doy lo mejor de mí aunque me duela. Porque te quiero. Aunque también dudo, como Tomás. Somos humanos y la inseguridad y el miedo nos pueden muchas veces. Queremos levantarnos, pero no podemos. Luchamos, pero es imposible si no hay una fe arrolladora en lo que haces y sueñas. Es la dualidad. Es el hombre en estado puro. La miseria y la gloria. La sombra y la luz.
¿Cómo se puede vencer el miedo a expresar las emociones?
El miedo puede vencerse de muchas y variadas formas. Hay especialistas que se ocupan de estos temas de una manera profesional y bastante eficaz. Podemos intentar cambiar de hábitos, o conocer a nuevas personas, o gritar si eso nos hace bien. Yo siempre recomiendo que escribamos nuestros miedos en un papel, que lo vean tus ojos, que lo redacten tus manos, que los lea tu voz. Me parece que escribiéndolos es como si salieran a la calle, se ventilan, conocen otra luz diferente. Ya no están encerrados dentro de ti. El daño es distinto porque de esta forma te haces con ellos, los domas, puedes manejarlos, sabes cuáles son. Tienes conciencia de ello. Tal vez, incluso, puedas manipularlos a tu antojo para que se queden definitivamente ahí, en el papel, fuera de tu presente, de tu futuro y de tu vida toda.
La escucha de La pasión según San Mateo de Bach lleva al protagonista a un estado de éxtasis. ¿Cómo describirías ese momento de shock?
La música nos atrapa constantemente. Nos hace entender muchas cosas que no veíamos claras antes de escuchar las primeras notas. Es como la tirita para un alma rota y ávida de ternura, de luz y de sensaciones placenteras. Nuestro protagonista pasa por un momento duro de su vida y necesita salir fortalecido de su mundo interior. No la busca, es la música quien lo encuentra a él. Como unas alas de ángel que intentan abrazarlo para que no tenga miedo. Un shock duro y esencial para el desarrollo de una carrera esquizofrénica en busca de los sueños perdidos y las emociones. Música. Música para alzar el vuelo sobre las indecisiones y los tragos amargos. Indispensable música. Arrolladora. Hermosa. Y vital.
Esta bella fuente de la Sierra Norte aparece en la novela Donde los otoños crecen.
Aunque estamos en una novela, en una ficción creada, ¿qué has pretendido haciendo aparecer la figura de Tomás en la pared de la habitación de Javier Moreno?
Es la duda constante, como dije en una de las preguntas anteriores. Tomás es la duda. La cruel duda que tantas veces gobierna nuestra vida. El no saber, o no entender, el no vivir en paz. Sólo la fe es capaz de ayudar. Fe en ti mismo, en tus acciones, en tus credos, en aquellos que te rodean. Sólo así podrás amar y sentirte amado. A tumba abierta. Sin miedos. Sólo así, no te hará falta ni meter los dedos en la llaga ni preguntar por qué. Tu corazón sabe que sí. Y todo será distinto a partir de ese instante. Tomás es la duda. Pero en nosotros está la solución. Se trata, sencillamente, de apostar por la felicidad.
Hoy en día una de las grandes cuestiones a resolver es el entendimiento y la comprensión entre las generaciones. Apreciamos que Javier tuvo en su padre y en su abuelo a unos referentes. ¿Qué podemos aprender de esa relación?
Tener como referente a tus padres o abuelos es volver siempre a la sangre, a la cuna, al abrazo. Son ellos los que siempre cuidan de que no caigas, y si lo haces, te ayudarán a levantarte. Es su experiencia de vida la que nos indica el camino a seguir, la que muchas veces nos salva. No hay mayor ni mejor abrazo que el de personas que te quieren como eres, a pesar de tus defectos, de tus derrotas. Ellos siempre estarán ahí, donde los demás no lleguen.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Sólo me quedaría por decir que Donde crecen los otoños es una historia humilde y mágica a la vez. Una historia de amor. Una excusa perfecta para poder hablar de la vida, de los recuerdos que nos persiguen y atrapan, de gente sencilla a la que admiramos, de los sueños que siempre nos quedan por cumplir, del amor que nos revienta en el pecho y de una búsqueda incansable de la felicidad. Sus páginas no son más que unos ojos y unas manos abiertas para seguir luchando a brazo partido contra el lastre de nuestras frustraciones, de todo aquello que nos sobra, contra nuestros propios convencionalismos y debilidades, contra la indolencia, la desidia, la apatía, el desorden, el miedo y el caos. Estados de ánimo que tantas veces nos hicieron daño y para los que aún, desgraciadamente, muchos de nosotros no hemos puesto remedio. Al trazar las líneas fundamentales de este libro, de esta trama sobre los tortuosos caminos que nos conducen a la felicidad, he tratado de buscar en la imaginación y en la memoria algo que fuera capaz de torpedear la línea de flotación de mis sentimientos, de mis emociones, de todo lo que soy y puedo llegar a ser en esta vida que me ha tocado en suerte. Y, sin buscarlos, allí estaban, me los encontré de frente, una historia y unos personajes gritándome a todas horas: “Levántate y anda, chaval, no te quedes ahí, construye, crea, sueña, avanza, ríe, ¡AMA!”. Después me di cuenta que este mensaje que subyace constantemente en cada uno de los renglones de la obra no sólo era para mí, sino también para el resto de la humanidad, para toda esa gente que sigue creyendo en sus sueños, en los caminos que aún nos quedan por recorrer y, cómo no, en la vida.

Comentarios

  1. He leído esta magnífica novela por segunda vez. Me he recreado en sus personajes, sus figuras, las sensaciones que espléndidamente transmite y retrata el autor y me parece tan, tan cercana, tan real y a la vez, tan mágica que no puedo por menos que recomendarla a todo mi círculo de amigos y familiares. Felicito al autor y le deseo todo el éxito posible, aunque me temo, felizmente, que ya lo ha conseguido.

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  2. Me alegro lo que comentas Francisco José. Encantado de verte a ti y a los tuyos en el Rick´s Café.

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