Gente e instituciones sin ética


Hace dos meses me puse en contacto con una entidad de la Universidad de Sevilla para ofrecerles esta magnífica y exclusiva exposicio´n: Y la palabra se hizo música. Un mes antes, en una maravillosa mañana de primeros de agosto, acordamos junto a Francisco Lira de la célebre La carbonería que parte de la misma se expusiera en esa casa de la cultura y del ocio sevillana, y que en su ya mítico escenario se celebrara un concierto de cantautores que Fernando González Lucini iba a organizar. Esa exposición desde hace varios años está recorriendo las tierras de España y del Mundo. Como Fernando decía hace unos días en el mítico programa de Radio 3 Discópolis lo que le mueve a ir rodando con esta exposición y con el proyecto del Centro de documentación y difusión de la canción de autor es que esa memoria propia, intergeneracional y colectiva no se pierda y ese legado sea cuidado y ampliado con la vocación y el amor de todo aquel que se sume, que por cierto es bienvenido.
Cuando contacté con esa entidad ya me llamó la atención que no me concediera una reunión para hablarles de la misma, algo de lo más básico, pero seguí las indicaciones de la persona que me atendió de remitirles la documentación de la misma. Me indicó que una vez que la Comisión Técnica la evaluase se pondría en contacto conmigo para darnos una respuesta, ya fuera afirmativa o negativa. Varias semanas después, a punto de cumplirse el primer mes, le llamé para ver si tenía noticias, y me afirmó que no me preocupara que nada más tuviera la contestación me la haría llegar. Dos meses después mutis por el foro.
Para que los lectores del Rick´s Café lo sepan y si tienen a bien lo compartan con sus contactos, que como la mayoría paga sus impuestos y, por tanto, tienen derecho a conocer en qué se invierten, la celebración de la citada exposición iba a costar 600 euros. Miren de esto ni hablé con esas personas de la institución pública porque no hubo ocasión. Pero cualquiera que conozca lo que vale montar una exposición de esta categoría sabe que eso es una miseria. Es más, en una de las conversaciones telefónicas con Lucini, él me dijo que ni eso sería problema porque cabía la posibilidad de cobrar una entrada simbólica al concierto de los cantautores para sufragar los costes de la exposición. Más humanidad y gentileza no cabe por parte suya ni de nadie. Es lo que distingue a las personas nobles de las que no lo son. Para daros más datos concluyentes os diré que esos 600 euros iban repartidos de la siguiente manera: traslado de todas las obras y piezas de la exposición desde Granada a Sevilla; billete de AVE de Fernando de Madrid a Sevilla y vuelta; su alojamiento y manutención durante los dos o tres días que estuviera en esta ciudad para montarla, dar una conferencia en la citada sede universitaria y el concierto e inauguración en La carbonería.
Demos las gracias a la Comisión Técnica de esa institución de cuyo nombre no quiero acordarme de la no celebración de la exposición y sobre todo de sus maneras éticas de ir por la vida. Lo curioso es que se trata de personas con rango de funcionarios públicos. Ahora que llevamos un tiempo debatiendo sobre cualquier asunto humano, bueno será que también lo hagamos sobre esto. Quien les escribe lo viene haciendo en los últimos veinte años. Como ya he denunciado en más de una ocasión con datos irrefutables, nunca me gustó el maniqueísmo ni la demagogia respecto a lo público y lo privado. Todos formamos parte de ambas esferas. Ahora bien cómo cada uno participa y da ejemplo en las mismas es bien diferente.
Cuando funcionarios públicos actúan de la manera en que esos lo han hecho, están lanzando piedras contra sí mismos, contra la institución para la que trabajan, contra la sociedad que les paga y a la que tienen que rendir cuentas. Es igual que si vosotros queridos lectores del Rick´s Café entráis en una empresa privada, por ejemplo, una librería, y el dueño o el empleado de aquella sin venir a cuento os ignoran cuando le preguntáis con respeto e interés por un libro que queréis comprar allí o fuera a más y os ningunease. La falta de respeto y de profesionalidad es idéntica e improcedente. La respuesta que le podemos dar a una entidad privada es no volver y cuando alguien nos pregunte por la misma darle información de su manera de proceder. La contestación que podemos darle a una institución pública y a sus equipos de profesionales que actúan así es denunciar públicamente su actuación, y requerir a los inspectores laborales que auditen cómo funciona la misma. Hay gente que hace de su puesto funcionarial su cortijo. ¿Hay mayor apropiación privada de algo público?

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