In-vocación, un canto al amor y a los sentidos


Germana Giannini llegó de Italia porque encontró en Sevilla un lugar donde cantar con alegría y reencontrarse consigo misma y con el otro. Eso fue lo que nos brindaron anoche los hombres y las mujeres llegados desde diferentes puntos de Europa para emocionar al público asistente. En un espacio mágico, el Teatro Casala, ubicado en el Mercado de Abastos de Triana, junto al antiguo Castillo de San Jorge y de la ribera del Guadalquivir, brindaron un espectáculo de canto y teatro diferente: In-vocación.
La puesta en escena, basada en la improvisación que han trabajado con Germana, aúna espontaneidad, chispa, gracia y una torre de babel en español, inglés, italiano, francés y portugués. En esa improvisada jaula de grillos, irrumpe Germana para solicitarle al joven Enmanuelle paciencia con sus tías mayores. Éstas recuerdan a las mujeres de Sexo en Nueva York, en búsqueda de un príncipe que no termina de llegar. E irrumpe la espiritualidad mágica del canto. Abren la serie con una doble canción de amor siciliana e hindú. Una dedicada a la amada, la otra a Shiva. En esas dos interpretaciones combinan el canto a capela con el tampura -instrumento de cuerda- y la pandereta. El inicio de esas dos canciones es más espiritual, los acordes suaves de los dos instrumentos marcan el ritmo. Toma el relevo la acústica de la pandereta con un ritmo y sonido que recuerda al bombo.
Y se produce la paradoja emocional, de la paz de la música hindú e italiana, a la acústica rompedora del pop rock. Tras unos segundos de shock, toman el escenario Nico y Eloisa para recuperar el equilibrio a través de un canto georgiano que interpretan evocando a un campesino que cuenta su vida a los dos bueyes con los que ara. Tiene este cántico aromas medievales. Vamos así viajando a través de los países y también de las diferentes etapas de la historia.
De la Europa medieval al cuento del genio de la lámpara. Y el amor como gran anhelo vital. Se arrancan a cantar La vie en rose para a continuación Charo interpretar una copla andaluza haciendo equilibrio con un pie. En muchas ocasiones eso es el amor en pareja, un complejo equilibrio. Y para hacer posible esa razón vital aparece un cuentista parisino con quien surge el flechazo. La mística del amor, presente a lo largo de todo el espectáculo, alcanza un nuevo cénit cuando aparece la figura del artista suizo Daniel que canta a capela haciendo música y canción con su estómago y garganta. Se acaba transformando en una marioneta que antes ha sido intérprete e instrumento. 
He ahí uno de los aspectos más sobresalientes de In-vocación, que se refuerza cuando Germana acompañada de otra compañera irrumpe con una canción de amor que suena a despedida. De pronto emerge el coro de voces de todos los artistas para regalar el Amada Terra Mía que cala en el público. La cercanía con éste, mezclado con él, ayuda a crear ese estado de catarsis. Los matices de las voces permiten al espectador cerrar los ojos y sentir que le acompaña una orquesta. Es la armonía de sus voces y la empatía entre ellos lo que convierte ese sueño en realidad.

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