Lacras mediáticas (y 2)


Como ya os anunciaba en el artículo de ayer, hoy voy a tratar la realidad en la que han incurrido dos medios de comunicación. Uno, el periódico El Correo de Andalucía, decano de la prensa sevillana. El otro, la cadena televisiva Intereconomía.
En el caso del diario hispalense la pérdida de lectores y de publicidad ya viene de lejos, su situación económica ha vivido vaivenes muy dramáticos desde finales de los años noventa del pasado siglo y principios de este. En el supuesto de la emisora de televisión se ha desatado en este último año, con la paradójica realidad de que, por un lado, adeuda cantidades importantes de salarios y cotizaciones de la seguridad social a sus empleados y a la Hacienda. Y, por otro, viene contratando y lanzando procesos de selección para contratar al mismo tiempo que practica esa torticera manera de tratar a sus redactores y demás profesionales de la cadena con unos años en plantilla.
¿Por qué se producen estas realidades laborales en ambos medios de comunicación? Múltiples son las razones y circunstancias. Estas dos instituciones comunicativas representan sendos ejemplos manifiestos de apoyo a un partido político. El Correo de Andalucía viene apoyando al PSOA a nivel de la provincia de Sevilla y de la comunidad autónoma desde hace más de dos décadas. Intereconomía se presenta a los telespectadores como una televisión de derechas, que defiende los presupuestos del PP.
Es obvio que cada medio de comunicación es libre de elegir su línea ideológica. Y en su libro de estilo un rasgo básico es que el mismo se autodefina en un sentido. Ahora bien, ¿qué consecuencias ha traído para El Correo de Andalucía y para Intereconomía sus posturas extremas de defensa de PSOA y PP, respectivamente?
Desde mi perspectiva está clara: la pérdida continuada y constante de credibilidad para con los lectores y la audiencia. En este sentido, esa persistencia en defender lo indefendible, en dar propaganda política en vez de información veraz, ha ido soslayando la confianza que cualquier persona tenía cuando se acercaba a leer las páginas del diario, o cuando conectaba para ver el canal televisivo.
A eso hay que añadir el propio diseño tanto del periódico como del canal de televisión que por sus estructuras y contenidos representan una visión caduca del periodismo. El Correo de Andalucía a pesar de ligeros retoques de diseño a lo largo de la última década, se quedó como una clara muestra de diario obsoleto en su maqueta, el papel y la tinta de baja calidad, el material fotográfico principalmente en blanco y negro que unido a ese diseño arcaico trasmitía la sensación de ser una publicación de principios del siglo XX. En más de una ocasión por mis ocupaciones profesionales me he encontrado con tacos de ejemplares de El Correo de Andalucía en los bancos de la estación de autobuses de Torneo, para ser cogidos y leídos gratuitamente por cualquier viajero. Detalles como éste reflejaban la decadencia en que había entrado. Si a eso se añadía que durante muchos años en la primera década de esta centuria, muchos de sus redactores o colaboradores eran de la vieja guardia de la Cadena Ser en Sevilla, y de lo que fue la televisión local del grupo Prisa, Localia TV, se apreciaba otra incongruencia desde mi óptica. Ésa era sobreexplotar unas firmas en prensa escrita, radio y televisión, lo que causaba un cansancio a cualquier persona que se acercaba a sus páginas o a los otros dos medios, porque en distinto soporte te ibas a encontrar lo mismo. Localia TV también cerró en su día. ¿Qué hubiera pasado si la filosofía hubiera sido distinta, apostando por gente diferente, periodistas de savia nueva, y sin ese posicionamiento político tan marcado?
Si ahora analizamos Intereconomía, esta cadena desde sus telediarios, a sus programas de debate o incluso en su programación cinematográfica ha impulsado una visión ultra conservadora. Apostó por dar opinión en lugar de información, defendió vender propaganda en vez de sacar a la luz la realidad contrastada con sus matices. En muchos de sus debates, la actitud de los tertulianos era propia de una caja de grillos, algo no solo molesto por la posición rancia asumida sino también acústicamente desagradable para los oídos. Una profesora que sepa dar clases y unos estudiantes estar atentos y participar respetando el turno de palabra, muestran más madurez que hombres y mujeres debatiendo con edades propias de abuelos y padres.
Sería interesante, sobre todo en el caso de Intereconomía hacer una auditoría de sus cuentas y ver esa doble moral de deber sueldos y cotizaciones a sus empleados, y a su vez estar contratando a otros. Si los tribunales laborales de este país o de cualquier otro quieren demostrar su honradez y competencia, con supuestos como los de Intereconomía tienen tajo para demostrarlo.
Para cerrar, lanzo ahora una pregunta a los compañeros de un medio y del otro, y a cualquier periodista, ¿merece la pena dejar a un lado la búsqueda de la veracidad de cualquier acontecimiento por tener un sueldo y convertirse en un propagandista?

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