Manuel Correa: “El público suele tener una mirada poco crítica con casi todo”

Han rodado Último billete con la misma lente con la que rodó Stanley Kubrick La naranja mecánica. Tras recibir el encargo de un empresario estafado por el sistema financiero, Manuel Correa y la productora Cinemax Digital remataron este cortometraje que se presentó el pasado miércoles 13 en la Sala Cero de Sevilla ante un público que casi llenaba la sala y que tributó una cerrada ovación al terminar la proyección. Él y Juan Carlos Merino se liaron la manta a la cabeza y tiraron para delante.
Manuel Correa, director cinematográfico y realizador de televisión, es un apasionado del flamenco. Entre sus amistades está el recordado a diario Enrique Morente. Cree en los buenos guiones como piezas angulares para hacer buen cine.  
¿Qué os motivó a producir Último billete?
Recibí el encargo de un amigo, un empresario que se siente estafado por el sistema. Quería producir con su dinero un corto donde vengarse de todo y de todos en medio de esta crisis financiera que vivimos. Cuando acabé una versión potable del guión, este productor y yo nos distanciamos en la forma de verlo. Él decidió abandonar el proyecto. De modo que convencí a otro amigo y ambos produjimos este Último billete, tal y como ha quedado al final.
¿Qué dificultades habéis tenido para producirlo?
Las propias de un proyecto que carece de un equipo de producción dedicado. Mi coproductor ejecutivo, Juan Carlos Merino, es operador de cámara. Yo hago de guionista y director. Ninguno de los dos somos directores o jefes de producción. Como la necesidad manda, tuvimos que cumplir estos roles. Y ya se sabe... Zapatero a tus zapatos.
¿Quiénes son los patrocinadores y responsables de esta estafa crisis que estamos viviendo?
Gente cuyas caras y nombres desconocemos. Gente que maneja, decide y controla los gobiernos, que son auténticos títeres en sus manos. Muchos pensarán que se trata de una teoría conspiranoica. Si indagan mínimamente, puede que dejen de pensar así.
En un momento de Último billete, el director del espectáculo le dice al actor: yo dirijo. Tú actúas. Yo te puse. Yo te puedo quitar. Estas mismas palabras se la dijo J. Polanco a Felipe González a principios de los años noventa. ¿Qué análisis haces de esta realidad?
Pues que entre realidad y ficción, entre política y espectáculo, hay una delgada línea separatoria. A lo que podemos añadir: detrás del telón cuando está cerrado, más allá de la puerta del camerino,  a espaldas del público, están sucediendo cosas que podemos imaginar... E incluso ser ciertas; como que un rico poderoso -quizá emisario de un grupo de poder más alto- amenace de esa forma a un presidente del gobierno.
Resulta curioso que hayáis caracterizado al director del espectáculo, que simboliza el poder frente a la sumisión del actor, vestido de blanco inmaculado, cuando es quien promueve la corrupción. ¿Cuánto de parecer y no ser tiene ese símbolo?
Estamos en el juego de las apariencias, cuyas consecuencias pueden ser trágicas, como es el caso de la historia que cuenta Último billete. Y también en el terreno de la ironía. Por eso, un personaje tan oscuro y tenebroso como este director de espectáculo aparece vestido de blanco, interpretado magistralmente por Manuel Molina en su vuelta a la escena tras casi tres décadas sin actuar. En cambio, el personaje del actor que debe salir a escena -un gran trabajo interpretativo de Elías Sevillano- está vestido de gris, siendo moralmente un personaje más simpático que su director.
Se rompen las parejas, las familias, y otros siguen campando a sus anchas. ¿Cómo superamos esto?
Paralelamente a la historia del camerino, en la televisión y en directo está sucediendo algo terrible: un hombre desahuciado amenaza con pegarse un tiro porque el banco le niega un préstamo para subsistir. Eso es microeconomía, creo. Mientras, los políticos venden el fin de la crisis manejando engañosas cifras macroeconómicas. Para colmo, las crisis son algo cíclico. Desconozco, pues, la respuesta a la pregunta.
En la escena del actor ya delante del público, del pueblo, éste se muestra entregado a pesar de que su discurso resulta algo increíble. ¿Puede ser que el pueblo aún cree en discursos grandilocuentes a pesar de la que está cayendo?
Eso parece; al menos a mí me lo parece. La gente, el público, el pueblo suele tener una mirada poco crítica con casi todo. Así es como le interesamos a los poderosos: acríticos. La gente necesita una fantasía  y nosotros se la vamos a dar: es la consigna del director del espectáculo al actor. A eso va el público, a creer en una fantasía en forma de un discurso grandilocuente que, gracias a la falta de sentido crítico, acaba siendo creíble. O eso creo yo.
Cuéntales a los lectores del Rick´s Café la historia de la lente con la que se ha grabado Último billete.
La cámara de Juan Carlos Merino es una Red One, pionera del cine digital. Como él es muy anglófilo, compró en Londres una lente Cooke en una casa de alquiler. Cuando arreglaron los papeles del aparato, viendo su número de serie, se dieron cuenta de que esta lente fue utilizada por Stanley Kubrick en La naranja mecánica. ¡Imagínate qué respeto nos daba siquiera tocarla, jejeje!
¿Cómo ha evolucionado vuestra manera de dirigir, guionizar y producir cortos desde la trilogía El horror hasta ahora?
El proceso creativo, a nuestro entender, de un corto, de un largo o de una serie es el mismo: guiones con calidad, que ya por sí solos sean capaces de emocionar, intrigar o hacer reír. Creemos en los guiones capaces de expresar la película con palabras. Una buena dirección, pensamos nosotros, es aquella que mejore en el rodaje lo que ya es bueno en el guión. Si lo desmerece, entonces, es una mala dirección. La fase de producción es otra cosa. Como dije antes, aspiramos a contar con un buen equipo técnico de producción, con el que poder trabajar a gusto y del que aprender muchas cosas.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Tienes un blog muy interesante y muy bonito.

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