María Jesús Funes: "Se ha producido una revitalización de las generaciones que propiciaron la transición"

Se sienta el Rick´s Café a conversar y escuchar a la investigadora María Jesús Funes con una amplia y profunda experiencia en el terreno del terrorismo y de los movimientos sociales. Tuve la suerte de conocerla junto al resto de compañeros de doctorado cuando acababa de publicar su magnífico estudio sobre la cuestión del País Vasco La salida del silencio (Akal) en el año 1999, invitada por el experto en terrorismo internacional Fernando Reinares dentro de los cursos de Doctorado de la Ortega.
Ahora a raíz del debate polémico que se ha gestado a nivel político, mediático y social por la sentencia del Tribunal Europeo de derechos humanos por la excarcelación de presos de ETA, y de los movimientos sociales que vivimos desde hace dos años, ha sido acogido el Rick´s Café por la sensibilidad de María Jesús Funes para darnos a conocer con lucidez qué hay detrás de cada uno de esos acontecimientos.
¿Qué análisis haces del proceso de paz en el País Vasco?
Necesitaría uno o varios libros para contestar esta pregunta, pero sintetizando diría que ha sido un camino largo y muy complejo que está llegando a un grado de entendimiento político y social compatible con la convivencia pacífica. La defensa de ideas políticas ha pasado a gestionarse tan sólo a través de vías democráticas, lo que supone un avance muy significativo sin negar las dificultades actuales, inevitables teniendo en cuenta el alto nivel de tensión y sufrimiento que han padecido los habitantes del País Vasco.
El esfuerzo de muchos sectores sociales en transformar la violencia en acciones políticas democráticas, unido a la acción judicial, a las medidas políticas implementadas -que han aceptado dar cabida a planteamientos muy diversos en la forma de entender la convivencia y la soberanía- y el trabajo de persecución de los delitos por parte de las fuerzas de seguridad, todo ello conjuntamente ha dado su fruto.
¿Qué perspectiva tienes de la sentencia del Tribunal Europeo de derechos humanos obligando a las autoridades españoles a abrir un proceso de ex carcelación de los presos de ETA que se acojan?
Tomar decisiones que contravienen la legislación vigente tiene resultados como éste: que Tribunales superiores tienen que intervenir en asuntos de política nacional; aunque pueda resultar difícil de comprender y desagradable para muchas personas.
¿Qué lecciones históricas podemos sacar de estos cuarenta años en el País Vasco?
En primer lugar, que la represión sólo genera represión y la violencia violencia. En segundo lugar, que hay situaciones de vulneración de derechos para los que las democracias tienen difícil respuesta, dado que la libertad de movimientos y la necesidad de respeto de derechos individuales y colectivos puede dar lugar a que existan ámbitos de impunidad difíciles de controlar. En tercer lugar, que un conflicto en el que un sector social apoyaba de manera clara e ineludible los objetivos que perseguía la opción de ETA (muchos también justificaban las formas) necesitaba de una también clara y precisa respuesta por parte de esa misma sociedad para llegar a soluciones duraderas. Era imprescindible que los etarras dejaran de contar con la complicidad de muchos de sus compatriotas (y con el miedo cómplice de otros) y para ello fue necesario que en las relaciones cotidianas y en los espacios de convivencia se consolidara el rechazo a la violencia. 
Negar el carácter político y social del conflicto vasco e intentar presentarlo como un problema de orden público (violentos contra pacíficos) ha retrasado su resolución.
¿Cómo ves que se está tratando este asunto desde el plano informativo del poder ejecutivo y de los propios medios de comunicación?
Hay una gran división, dos puntos de vista completamente distintos, tanto en la sociedad como en los medios de comunicación y ambos se retroalimentan. Por un lado, quienes consideran que es una injerencia inaceptable por parte de las autoridades europeas y, por otro, quienes consideran que es legítimo (más allá de la oportunidad o del gusto de cada cual) dado que España aceptó estar bajo la cobertura de estas instituciones a nivel judicial como miembro de la Unión Europea.
En el primer caso, desde los sectores de apoyo a las asociaciones mayoritarias de víctimas de ETA se percibe como cesión a un chantaje, de doblegar el Estado de Derecho, …. La otra visión está representada por sectores sociales que consideran que lo prioritario es haber conseguido el fin de la violencia, aceptan que ello supondrá renuncias y son más tolerantes en relación con las medidas que haya que tomar para confirmar que este final sea definitivo. Digamos que nos encontramos ante un sector esencialista frente a otro posibilista; uno fundamentado en la dimensión expresivo-emocional (revancha o  mantenimiento del rencor) y otro de carácter instrumental y utilitario, en definitiva, pragmático. El poder ejecutivo parece estar en una de las dos visiones y no en una integradora.
En mi opinión, desde el poder ejecutivo se está aceptando que el Partido Popular lo utilice como un instrumento para reforzar y unir a su electorado, en momentos de intenso cuestionamiento y pérdida de popularidad como consecuencia de la dudosa gestión de la crisis. Por ello actúa como parte más que como gobierno al otorgar protagonismo a este discurso y aceptar que destacados miembros del gobierno apoyen esta visión del caso.
¿Qué propuestas ves viables para lograr cerrar heridas con las familias de las víctimas de los atentados?
Creo que las víctimas de atentados deben ser atendidas económicamente, tal vez con algunos privilegios, pero que no debería aceptarse que adquieran ningún protagonismo político. No les corresponde, desde mi punto de vista.
Como investigadora que eres de los movimientos sociales y de las acciones políticas que estos reivindican, ¿qué cultura se ha forjado y consolidado en el País Vasco entre esos grupos fomentando unas relaciones pacíficas?
No estoy segura de si es correcto decir que se ha formado algo así como una cultura de la participación, la paz y la tolerancia, o si lo acertado es afirmar que existió en su momento. Creo que quienes protagonizaron la acción contra la violencia consolidaron una forma de implicación, una sensación de protagonismo, de civismo activo, pero el cansancio fue tanto y las dificultades tan abrumadoras demasiadas veces que no estoy segura de si todos ellos volverían a reaccionar llegado el caso. Ocurrió, funcionó, varias generaciones se socializaron en ello, … pero podría ser pasado. Ahora bien, el cansancio en sí mismo tampoco debe entenderse como esencialmente negativo, a nivel social. El coste fue para todos y el cansancio puede serlo también, posiblemente eso ayude a unas relaciones pacíficas, a evitar desencuentros y tensiones, a buscar conciliaciones antes de avocar a un conflicto explícito. ¿Podríamos llamar a estos efectos una cultura de paz? Puede que sí. De lo que no estoy tan segura es de si la reacción, el comportamiento proactivo se puede generalizar a otros ámbitos y otros momentos.
Junto a ello, no cabe duda de que se ha producido un aprendizaje social, una socialización política en el compromiso, el activismo, la militancia, como cada cual lo quiera denominar; el que se deriva de la acción colectiva continuada. Sobre todo cuando se ha vivido con un nivel de intensidad y llega a convertirse en parte central de la vida de las personas. Por ello, habrá quien cambie su militancia en favor de la paz por su militancia en favor de cualquier otra causa, dado que ha interiorizado una forma de vivir y necesitará/deseará continuar en ella. Hay estudios que muestran que las generaciones marcadas por estas luchas mantienen una huella indeleble a lo largo de toda su vida en términos de valores y actitudes. Son las consecuencias biográficas del activismo.
Sin embargo, creo que hay que ser cauto a la hora de pronosticar cambios consolidados con consecuencias en el futuro. Puede que se haya forjado un talante que permanezca pero creo que hay que observarlo y estudiarlo más que darlo por hecho, puesto que el coste en términos vitales ha sido muy alto y podría haber generado la necesidad de una retirada de lo colectivo. Habrá que estar atentos y esperar, los procesos de cambio necesitan tiempo. Ahora hay que recuperarse de mucho sufrimiento, de mucha tensión y acostumbrarse a una vida distinta.
Vemos en los nuevos movimientos sociales surgidos en los últimos años, una acción y un discurso coherente acerca de provocar los cambios humanos y sociales sin recurrir a la violencia. ¿Qué análisis haces de ellos?
Hay un alto nivel de movilización en España en los dos últimos años que se debe, a grandes rasgos, a dos factores: un deterioro de la vida política convencional (tanto en instituciones como en procedimientos y en personas) que ha provocado una desilusión en relación con las posibilidades prácticas de los procedimientos democráticos vigentes. Está protagonizado por sectores políticamente muy motivados y muy cualificados, con una importante presencia de jóvenes universitarios, que son muy críticos con el actual sistema democrático y su funcionamiento. Por otro lado, el segundo factor que provoca esta intensa movilización es el deterioro de la situación económica y de la propia vida social como consecuencia de la pérdida de derechos, libertades y calidad de vida. En este caso, los protagonistas son mucho más heterogéneos, en edad, clase social y formación. En buena medida, este sector más amplio y variado sigue los caminos que emprenden y proponen los primeros.
Un aspecto interesante es que esta movilización, centrada en estas dos causas básicas, ha producido una revitalización de las generaciones que propiciaron la transición política. Con una amplia experiencia y cualificación proveniente de su pasado y muchos de ellos de una alta cualificación profesional se unen a estos dos impulsos, los lideran en una medida importante, aunque sin restar protagonismo al sector juvenil hegemónico.
Al tiempo, existe el factor de mutuo contagio a nivel internacional. Desde que comenzaron las contra-cumbres en lo que cristalizó como Movimiento Antiglobalización vivimos en un juego de espejos en el que permanentemente se están reforzando movimientos contestatarios en muy diversas partes del planeta. Ello genera un marco cognitivo con una gran capacidad movilizadora y que circula a toda velocidad, que genera confianza entre participantes y audiencias y multiplica las acciones. Todo marco cognitivo se concreta en discursos y estos en eslóganes movilizadores: Otro mundo es posible, Somos el 99%, señas de identidad que recorren el mundo multiplicando el efecto contagio. Para muchas personas en muy diversos países son la cristalización de la esperanza, arma que puede ser muy poderosa.
¿Qué aportaciones valiosas aprecias, como estudiosa de estos movimientos, que se están consolidando?
Por una parte la capacidad integradora, la mezcla de clases sociales y de perfiles de edad y condición (aunque ello disminuiría si la situación económica mejorara). Por otra, se ha consolidado un movimiento intelectual muy crítico con la deriva económico-política del mundo occidental, que puede actuar como freno, o al menos, como conciencia crítica permanente y persistente que permite pensar en transformaciones a medio plazo.
Sin lugar a dudas, lo más llamativo, más novedoso y más transformador es la forma de comunicación que se emplea, tanto para reclutar seguidores, como para dar a conocer sus acciones, transmitir mensajes, …: Internet ha cambiado radicalmente el ámbito de acceso y de divulgación de cualquier acción. La posibilidad de la comunicación simultánea, instantánea y con una pluralidad casi infinita de puntos de conexión, tanto receptores como emisores, otorga una dimensión de mucho mayor impacto. Ello unido al grado de creatividad comunicativa de muchos de los actores protagonistas da lugar a movimientos que se sostienen en el tiempo y crecen, pero transformándose.
Creo que sí hay una consolidación de sectores muy activos que se van transformando, que fluctúan, se incorporan nuevos actores y nuevos temas, pero lo sustancial pervive y ello permite prever efectos a nivel político. Opciones políticas consolidadas están mostrando niveles relevantes de deterioro, y ello unido a la desconfianza de una parte cada vez más amplia de la población hacia los actores políticos clásicos permite imaginar en un plazo de unas décadas un posible cambio en la acción política relacionado con estos hechos. No creo que deban descartarse sin más como una reaparición del romanticismo político.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Me gustaría apuntar que sí creo que se prevén cambios, pero esos cambios no tienen porqué proporcionar de manera rápida y directa las condiciones de justicia y paz que estos movimientos pretenden. Es importante entender cómo se producen los procesos sociales y no aceptar planteamientos ingenuos o simplificadores. Cambio y conflicto son dos movimientos que lejos de ser controlables y predecibles pueden conllevar, como inevitables compañeros de viaje, efectos no deseados, o no buscados. La estabilidad suele ser una de las primeras bajas en los casos de conflicto que alumbran procesos de cambio efectivos. El mundo conocido, el de los partidos amplios, esencialmente conservadores (aunque sean socialdemócratas o socialistas) que permiten que la política se decida en los núcleos de poder que dirigen la economía mundial; el de las democracias que se reducen al voto cada cuatro años (este mundo que cada vez condena a más seres humanos a la marginación), puede verse alterado. Pero, ¿qué lo sustituirá? ¿Qué tipo de actores políticos sustituirían a los gastados actores políticos actuales?
Un cambio significativo pasaría, probablemente, por momentos de incertidumbre, riesgo, novedad difícil de gestionar desde los actuales centros de poder. ¿A qué nos acerca el deseo de estos movimientos y estas acciones en favor de conseguir un mundo más justo? No podemos saber cómo sería el camino, tal vez sí la meta pero por dónde hay que pasar para llegar a ello es algo impredecible. La radicalidad, entendida en su sentido literal como vuelta a las raíces, en este caso a los principios morales, puede ser de muy distintos signos. El aumento de apoyo a los partidos de extrema derecha, por ejemplo (aún siendo algo mucho más complejo) puede ser una consecuencia inevitable de esta vía ya abierta de cambio que pretende superar la estabilidad de las últimas décadas sustentada en el incremento de la desigualdad, la pobreza, la inmoralidad, la infamia. Mantener el statu quo, por el miedo al cambio, o aceptar riesgos puede ser una pregunta pertinente en este momento que cada cual deberá contestar por sí mismo.

Comentarios

  1. Según ella no se puede afirmar que fuera una lucha entre "violentos contra pacíficos". No se en que país habra estado esta señora en los últimos cuarenta años, pero ha sido ETA la que ha sembrado este país de asesinatos y la respuesta ha sido siempre pacífica.
    Lo de que hay dos corrientes un que busca el rencor y otra "la bondadosa" que busca la paz a cualquier precio. Es tan pueril, que no es propio de una supuesta investigadora, tal vez de una manipuladora. O igual para evitar la etiqueta, mejor utilizar la definición de simpatizante. Ya que si las victimas del terrorismo según ella no tienen derecho a alzar su voz en política,como ciudadanos corrientes, ¿Qué me dice de las familias de los asesinos? A los que ella reconoce el derecho de ser moneda de cambio para conseguir que ETA no, nos mate de nuevo.

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  2. rick-casablanca.blogspot.comdomingo, 24 noviembre, 2013

    Manuel JD, las palabras de la investigadora tienen otro significado bien distinto a tu interpretación. Te animo a releerla con detenimiento. Encantado de verte por el Rick´s Café.

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