Vicente Muñoz: “La clase política siempre temerá a personas como Céline”


Se sienta el Rick´s Café a conversar con el escritor Vicente Muñoz, el otro antólogo de El descrédito (Ediciones Lupercalia) dedicado a Céline. Abordamos en esta entrevista el lado humano del literato francés y su faceta política que le llevó a ser un descreído de las propuestas y personajes de su tiempo, tras haber vivido las dos guerras mundiales, y haberse significado en la Primera como voluntario, y en la segunda por su labor de propagandista.
Sin embargo, como insiste Vicente Muñoz en El descrédito los autores han querido centrarse en la calidad literaria y de denuncia que encierra la obra de Céline. Es una manera de que descanse tranquila la memoria de aquel y de que su labor como escritor emerja.

¿Cómo se puede ser anarquista y pro Vichy?
Siendo como era Céline, un nihilista contradictorio, desengañado y reñido con la humanidad al completo.
¿Por qué os ha marcado tanto Céline?
Por haber escrito dos de las mejores novelas del siglo XX, Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito, imprescindibles para comprender la narrativa contemporánea.
Vemos como en su Francia natal hay un bipartidismo sobre su figura. Quienes le odian y quienes le quieren. Hay una Francia bipolar como ocurrió con Dreyfus, y seguramente una Tercera Francia como otra España frente a las dos España.
Supongo que con Céline no hay medias tintas: o se le odia o se le venera, y eso es también lo que sucede en Francia. Imposible no venerar a un escritor de su talla, y difícil, también, olvidar sus panfletos antisemitas y su colaboracionismo con el régimen de Vichy. Pero creo que es necesario, para valorar en su justa medida su obra literaria, deslindar ambos aspectos, sobre todo ahora que está muerto. De esa idea para esta antología, El descrédito.
¿Cómo fue la relación entre Céline y Zuloaga?
Por lo que sé, hasta donde llego, Zuloaga intentó que Céline obtuviera asilo político en la España del régimen franquista, aunque las gestiones no llegaron a buen puerto. Previamente se habían conocido en París, cuando Zuloaga trabajaba de agregado cultural en la Embajada española.
¿Hasta qué punto encontró Céline una terapia en la escritura?
Hasta el de dedicar su vida entera a la causa, incluso cuando estaba ya, en su última etapa, condenado y desprestigiado en todos los círculos literarios de la época. Céline siguió escribiendo, convencido del valor de su obra, y denunciando la farsa de la humanidad. Supongo que, como para la mayor parte de los escritores, escribir fuera en cierto modo para él una terapia, una forma de entender la vida y el mundo y de conocerse mejor a sí mismo.
Vemos que en esta crisis de nuestro tiempo es nieta de la que vivió Céline en su época. ¿Qué hacemos para superarla?
Efectivamente, el desasosiego y el desencanto de la sociedad que describe Céline en sus novelas, tiene mucho que ver con el del presente: crisis, corrupción, pobreza, lucha de clases... Superarlo supongo que depende de la fe personal de cada individuo, ya que la colectiva se está desmoronando.
¿Pudiera ser Céline uno de los soldados de Senderos de gloria?
Pudiera ser. El contexto y entorno, sin duda, es semejante. Aunque con un plus de ironía y sarcasmo, claro.
Frédéric Mitterrand, ministro en 2011, anuncia la retirada de los actos oficiales dedicados a Céline. ¿Se perpetúa la saga política en Francia como en el resto del mundo y esa casta teme a personas como Céline?
La clase política siempre temerá a personas como Céline, ácratas a los que no puede manejar, que no comulgan con el credo de la colectividad.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Insistir en lo que apuntamos en los prólogos de El descrédito: la intención de esta antología ha sido la de desligar el personaje de Céline de su obra narrativa, para valorarla en su justa medida al margen de la biografía de su autor. Espero que, al menos en parte, lo hayamos logrado.

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