Allen denuncia los problemas de nuestro tiempo

La nueva película de Woody Allen, Blue Jasmine, afronta los problemas de hoy, los saca a la luz y los refleja a través de la trama y los personajes. Por un lado, un empresario financiero que ha levantado su imperio con sus socios haciendo inversiones con dineros de gente ávida como ellos de sacar rendimiento a sus ahorros. Pero a diferencia de los ahorradores que desconocen cómo invierten, estos tiburones de las finanzas van sableando la economía doméstica o las posibles inversiones en nuevas PYMES, hasta que una denuncia revela toda esa vorágine.
Y, por otro, trabajadores con poca formación intelectual y cultural, y que se dejan arrastrar por esos modelos que representan los supuestos triunfadores sociales. La presentación que hace Woody Allen junto a su equipo refleja esa dicotomía de los últimos treinta años. Una minoría de ejecutivos y empresarios metidos a especular a través de las finanzas, ladrones de cuello blanco que se han formado en afamadas universidades. Y una mayoría de gente que vive de sus esforzados trabajos, y que en lugar de pararse a pensar cómo quiere vivir y montar una familia, se deja arrastrar por ese modus vivendi de consumismo desproporcionado y de apariencias.
Si en la última serie de películas de la productora de Allen, el personaje masculino llevaba el peso de la cinta, en Blue Jasmine, será un dúo extraordinario de mujeres los que marquen la pauta. Una, Cate Blanchett interpretando a Jasmine, que realiza una de sus más brillantes interpretaciones. La otra, Sally Hawkins, que encarna a su hermana Ginger. Si Jasmine es el ejemplo de esposa pija, entregada a ser la esposa guapa y elegante del afamado empresario financiero, su imagen ante la alta sociedad neoyorkina. Ginger es una fémina trabajadora de supermercado que saca adelante a sus dos hijos después de separarse. Jasmine vive en el mundo de las apariencias, de un grupo social que se quitará de en medio cuando las estafas de su marido sean descubiertas. Todo ello no solo le costará el matrimonio sino también la huida de su hijo. ¿Qué encierran todos esos modelos? La vanidad, el lujo sin mesura, una sociedad de papel couche.
La vastedad en los comportamientos o en la manera de vestir de Ginger, sin embargo, no impide su grandeza de sentimientos cuando acoge a su hermana tras su separación.
La mirada lúcida de Allen y sus guionistas se revela a lo largo del film, cuando haciendo un magnífico análisis y puesta en escena, muestra cómo las personas somos el único animal racional o irracional, depende de qué hagamos o dejemos de hacer, que tropieza dos veces en la misma piedra. Tanto Jasmine como Ginger vuelven a emparejarse con los estereotipos de hombres que se han formado y con quienes se han ido relacionando a lo largo de sus vidas. Queridos lectores del Rick´s Café, ¿queréis saber qué ocurrirá? Es fácil, ve al cine más cercano donde la estén echando y siéntate a gozar de hora y media de talento y sensibilidad.

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