Amanecer en medio de la guerra...


Inocentes muertos durante los ataques Seleka de la semana pasada.

… nunca fue fácil. Las sorpresas están escondidas en cualquier rincón, en mitad del camino te asaltan. Una vez más lo pudo comprobar el misionero Juan José Aguirre cuando a las seis de la mañana del pasado 5 de diciembre, salió acompañado de un compañero chófer camino del aeropuerto de Bangui, la capital de República Centroafricana. Y eso que Aguirre como el resto del pueblo centroafricano llevan lidiando con el conflicto desde que estallara en enero pasado, y a pesar de llevar cerca de veinte años viviendo entre la miseria socioeconómica en un país con recursos humanos y naturales. No les coge de nuevo, pero la dureza de la situación, la persistencia afecta a todos, aunque como reza el lema de la Fundación Bangassou está prohibido desanimarse y rendirse.
Apenas salidos de la casa donde se hospedan cuando van a hacer gestiones, estalló un pandemonio sobre sus cabezas. Las ráfagas de metralla, los tiros de obús y los gritos diciendo ¡saquen este coche de aquí!
¡Qué manera de dar los buenos días! ¡Qué forma de ver los primeros rayos de sol! ¡Qué lejos de esas visiones paradisíacas e idílicas que nos ofrecen a los occidentales los documentales de National Geographic! Y no es porque no se den o se puedan dar allá o en cualquier otro rincón de África o del Mundo, es que la actuación de una minoría de locos y depravados, lo impiden. Aquella mañana recién estrenada, una patrulla contra los Seleka, llamada anti-Balaka, comenzaba a atacar las posiciones de los Seleka en tres barrios de Bangui con fuego pesado y metralletas ligeras. Los anti-Balaka son los soldados afines al ex presidente destituido a raíz del golpe de Estado, Bozizé. Al mediodía, los Seleka habían normalizado la situación para sus intereses, y los anti-Balaka se habían retirado a la selva. Una vez más, la gran perjudicada y sufridora, la mayoría de la población de Bangui, atenazada por el pánico. Nadie vive libre ni seguro en la guerra, la costumbre no es posible en ella.
La locura del odio, de la revancha, lleva al extremo, comenta Aguirre hasta el punto de que los anti-Balaka atacan al 15% de la población que es musulmana y con la que siempre habían tenido buena convivencia. Cuando se llega a esos extremos, cuando se atenta contra el otrora amigo que es inocente, la tragedia está servida. Juan José Aguirre pudo embarcar sorteando los peligros matutinos en una avioneta de la PAM (Producto Alimentario Mundial) con destino a Bangassou. Llevaba consigo carga extra que le dejaron portar en el vuelo: ocho breviarios para sus curas y tres millones para pagar a los obreros de Bangassou. Como podéis imaginar esa carga extra pesaba una barbaridad, pero las causas merecían la pena jugarse una vez más el pellejo. Y es que la cabeza de Juan José desde hace años tiene precio. Mientras ellos lograban salir ilesos, aquel ataque produjo muchos muertos y heridos, saqueos de viviendas (entre ellas las del propio Presidente) y brutalidades varias, nos comenta el misionero.
La tensión se ha recrudecido desde la anunciada llegada del ejército francés que ha sido enviado con apoyo de la Unión Europea, el beneplácito de la ONU y el auxilio de la Unión Africana. Aguirre y su compañero chófer escoltados por un tanque aceituna de soldados cameruneses, llegaron al Arzobispado donde se reencontraron con Monseñor Dieudonné y el Imán de la mezquita central de Bangui. Todos refugiados frente a los ataques de los extremistas. La llegada de Juan José Aguirre, según nos relata, recuerda a Moisés con su pueblo cuando huía de Egipto: me acogieron con la hospitalidad acostumbrada africana dándome una habitación que daba al patio. Junto a él iban llegando más de tres mil personas que se fueron alojando en el mismo patio. Transportaban sus fardos menos pesados, pero con niños de pecho, mujeres embarazadas, cacerolas en las cabezas y mucho miedo en el cuerpo.
Mujer llorando por la barbarie de la guerra civil.
Pero el pavor de todos esos inocentes no acababa ahí, las preocupaciones les inundaban y las lanzaban al aire cuando el alma de Juan José Aguirre se fue acercando a ellos para escucharles: les podrían ahora estar robando en sus chozas llevándose semillas, colchones y mosquiteras. Un desastre para una familia pobre. La madrugada del 6 de diciembre aquellos niños, hombres y mujeres que no pudieron conciliar el sueño, la mayoría, se las pasó desahogándose y rezando. Amaneció el día húmedo y nublado, hasta que la tormenta rompió, parecía como si Dios quisiera limpiar la sangre inocente que había caído durante toda la mañana anterior. Había muertos con machetazos en la frente, el rojo sanguíneo era el color predominante en las calles y la figura más repetida la de los soldados en cualquier vericueto del trayecto.
Una parte de la población dedicó aquellas primeras horas del día a trasladar los cadáveres de ochenta personas asesinadas hasta la mezquita del Barrio km 5. La improvisada morgue en cualquier momento estaba abierta para recibir a más muertos porque los locos Seleka estaban de redada matando a cualquier joven cristiano cogido al azar. En Bangui la barbarie continúa, algo que en Bangassou hemos logrado parar por el momento, nos apunta Aguirre. Los Seleka temen la llegada de las tropas francesas y están sembrando el caos, hasta el punto de que Aguirre y el resto de líderes espirituales de otras confesiones decidieron parar la búsqueda de víveres para cada uno de los grupos de dos mil a tres mil personas que acogen las diversas parroquias y mezquitas.
Llegada la tarde del 6 de diciembre, el Arzobispo y el Imán fueron convocados a una reunión con la plana mayor de los MISCA (soldados de los países limítrofes con Centroáfrica) y los recién llegados soldados franceses. Estaba presente también el presidente Seleka, y se advirtió a éste que a partir de esa noche tirarían sin discreción contra todo aquel Seleka que saqueé y no deponga las armas. A pesar del aviso, Aguirre nos relata esta nueva salvajada: el compañero chófer fue a reclamar el coche e intentó negociar con una patrulla Seleka. Fue no solo imposible sino que también vio cómo un joven que rondaba por allí fue acusado de anti-Seleka sin venir a cuento. Cuando el muchacho les dijo que no, y les pidió ¡perdón! llorando, estos asesinos mercenarios lo mataron antes de que la palabra ¡perdón! llegara a sus cerebros. Le dispararon a la nuca.
Unas horas después de aquel nuevo asesinato, un piloto francés militar pasaba silbando con su avión por encima de la casa del presidente Seleka, avisando con su sonido que si no deponen las armas, serán derrotados por la fuerza. ¿Qué ocurrirá a partir de ahora con la vida de los habitantes de este cálido y bello país?
Y es que mientras eso ocurre en República Centroafricana, como sabéis los lectores del Rick´s Café que estáis siguiendo esta guerra desde que se desató a través de nuestros artículos, reportajes y entrevistas, desde Córdoba como base central en España se ha preparado un nuevo envío humanitario para allá. En las fotos podéis ver lo que ha salido ya para República Centroafricana hace unos días, quedando tan solo un tercio de cosas por enviar en otro momento. Esto es fruto de muchos ratitos de generosa ayuda que hombres y mujeres de varias generaciones han ido regalando a esta causa desde hace meses. Es una tarea que llevan haciendo ya muchos años. Ha sido posible mandar recursos recogidos por toda España, sumándose los ingresos del mercadillo solidario y de todas las actividades lúdicas celebradas.
Hombres y mujeres en Córdoba rematando la carga de los dos contenedores.
La Fundación Bangassou nuevamente les da las gracias. Frente a ese amanecer bélico con el que arrancamos este reportaje, ellos y su ayuda de 48.000 kilogramos representa la esperanza y la ilusión de una paz por llegar cualquier día viendo salir el sol.

Comentarios

  1. Extrema dureza en ese "amanecer". Narración muy dura pero que por desgracia es la cruda realidad.

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  2. Como señalas Mari Carmen, esa es la realidad cotidiana. Esperemos que cambie.

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