Becas Erasmus, decisivas

El último mes ha traído una nueva polémica social y mediática, la relativa a los presupuestos del Programa Erasmus. Éste nacido en 1987 por la presión y el interés de la Asociación de Estudiantes AEGEE, que lideró entonces Franck Biancheri, ha sido clave para mejorar la formación de los universitarios europeos desde entonces. Les ha permitido mejorar el aprendizaje de la lengua del país de acogida de su estancia universitaria durante su curso como Erasmus. Les ha aportado una visión más completa de las diferencias y similitudes entre los diversos programas académicos europeos. Ellos han creado una red de personas a lo largo del Viejo Continente capaz de tener una mirada más profunda y sensible acerca de qué es ser europeo. Ese punto de vista maduro contribuye a erradicar uno de los males del mundo: la vista estrecha propia de los nacionalismos.
El nacimiento de este programa hace ya veinte seis años fue fruto de una larga reivindicación estudiantil. Llegó un momento, como se puede ver en este reportaje audiovisual, en que las posiciones se tensaron. En el Palacio del Elíseo, el portavoz de los universitarios le dijo al por aquella época Presidente de la República de Francia, François Mittterand, que si él y los miembros de la Comisión Europea no lo ponían en marcha, serían otros los que más adelante cumplirían con esa demanda y deber histórico. Aquellas palabras, por un lado, provocaron un silencio sepulcral entre los participantes en aquella decisiva reunión. Y, por otro, la frescura y valentía de aquel grupo de estudiantes provocó la reacción posterior de Mitterrand y del resto de políticos europeos que semanas después aprobaban la fundación del programa Erasmus.
Como decía en el primero de los párrafos de esta tribuna, los logros desde hace ya casi tres décadas son evidentes. Es sin lugar a dudas uno de los fondos europeos que mejor rendimiento ha aportado a las personas, generaciones y sociedades que los vienen disfrutando. Se demuestra una vez más que el dinero invertido en educación es un recurso de primera magnitud para hacer enriquecer a los pueblos que los saben gestionar. Desde entonces, 31 países disfrutan del programa y se benefician 2200 instituciones académicas.
La causa que me ha motivado a escribir este artículo ha sido la polémica causada por el ministro Wert anunciando un recorte presupuestario para 2014 en el programa. Sin embargo, con datos evidentes, el portavoz comunitario de Educación Dennis Abbott desmintió la propaganda de Wert a las pocas horas de su anuncio. Ese acto del ministro provocó una reacción en cadena impulsada por la estudiante universitaria malagueña, María Rosa Sánchez, que movilizó a cientos de miles de universitarios a través de las redes sociales. El efecto movilizador que se viene produciendo en la sociedad española y mundial desde la primavera de 2011, volvió a activarse una vez más en defensa de los derechos y recursos de de los ciudadanos e intergeneracionales. Hechos como éste demuestran la capacidad que tenemos como personas y colectivos si decidimos unirnos por las causas que nos afectan a todos.
Transcurridas unas semanas del inicio de aquella polémica, a finales de la semana pasada, la secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio, anunciaba que para el año 2014 se incrementaba en 19 millones de euros el programa Erasmus –que en realidad era la cantidad que en principio Wert había anunciado que se iba a reducir–. Decisiones como ésta, y que ha sido tomada tras una enmienda del propio PP a los presupuestos generales del Estado para 2014, prueban la arbitrariedad con la que estos políticos actúan y la falta de coordinación entre los diversos responsables ministeriales.

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