Francisco Álvarez Charneco: "Jóvenes, la literatura hará cambiar vuestras vidas"


Francisco Álvarez Charneco firmando ejemplares de una de sus obras.

Si hace un par de semanas el Rick´s Café se sentaba a escuchar a Francisco Álvarez Charneco por la reciente publicación de su magnífica novela Donde los otoños crecen (Bohodón Ediciones), ahora hemos vuelto a él para continuar con este ciclo que estamos dedicando al papel del escritor en la sociedad.
Da gusto cruzarse una llamada, unos mensajes, con los hombres y mujeres dedicados a la literatura que como él están ahí dispuestos a compartir una parte de su valioso tiempo para charlar con este periodista y que el Rick´s Café sea eso por lo que nació: un lugar para disfrutar de la vida. Y Francisco Álvarez Charneco como el resto de compañeros que van a ir pasando por esta sección, nos habla de soñar con un poema, un ensayo, una novela o una obra de teatro.
Ya lo dijo el clásico Calderón de la Barca: la vida es sueño. Y si vienen mal dadas como en este tiempo, la frescura y la valentía de los escritores comprometidos y de la sociedad que sabe escuchar y proponer, acaban dándole la vuelta a la situación. Donde había penas, ahora hay alegrías, proyectos e ilusiones.   
¿Qué rol puede desempeñar el escritor en la sociedad?
Un escritor no es otra cosa que un plasmador de sueños. Alguien que le pone palabras a los sentimientos o a las frustraciones. Un agitador de brasas, un contador de historias necesario para todos aquellos que necesitan vida más allá de lo real o de lo imaginado. Un grafista de la ilusión. Poesía, ensayo, cuentos, teatro, novela. Todo vale para echar a volar. La sociedad necesita a sus escritores para mantenerse despierta y viva. Y los escritores necesitamos de la sociedad para no dejar de soñar. Para no morir. Para completarnos como seres humanos. Es un bis a bis de locura y pasión.
Qué temas consideras prioritarios que un literato a través del ensayo, la novela, la poesía o los géneros periodísticos tiene que abordar en nuestro tiempo.
Todo. El escritor tiene que abordarlo todo. Todo vale. Puedo escribir sobre una puñetera crisis. Pero en el siguiente punto y aparte me derramo de verbos en una historia de amor sobrecogedora. El lector lo que necesita es vida. VIDA. Con mayúsculas. Yo no puedo sugerir un tema en concreto. No puedo. Necesito primero involucrarme yo y, como en un efecto dominó maravilloso y extraordinario, a continuación, hago partícipe de mis inquietudes al que me tiene entre sus manos pasando hojas. Hay escritores que se especializan en múltiples y variados temas. Y lo hacen magníficamente. Dan en la clave de lo que pasa, de lo que sucede a nuestro alrededor. Es la vida real, la que nos incumbe a todos. Ellos tienen un sexto sentido para escarbar y sacar a flote lo oculto. Aunque a mí me motiva mucho más navegar entre latidos de corazón y sueños para provocar emociones ocultas.
¿Qué actos estimas hay que llevar a cabo para que el escritor y el público –la sociedad civil– tengan una relación más cotidiana?
Bueno, en este aspecto soy de los partidarios del encuentro. Llámese redes sociales, jornadas literarias, tertulias, etc. Aunque también pienso que los escritores somos como bichos raros a los que nos gusta la soledad. Es como decir Te dejo mi sueño. Sueña. Y no me preguntes ni me pidas explicaciones. Todas mis respuestas están ahora entre tus manos. Haz lo que creas con ellas. No sé, el mejor acto de encuentro, creo yo, entre autores y público, debería ser un acto de fe. Toma todo lo que soy y siento. Y si te sirve de algo, aprovéchalo.
Vivimos en un mundo con demasiados compartimentos estancos. ¿Cómo pueden contribuir quien escribe y quien lee, quien actúa en un teatro o quien va a verle a actuar para trazar puentes de colaboración?
Es verdad que hay demasiados compartimentos estancos. Es verdad que los escritores tenemos que abrirnos, que estamos obligados a acercar nuestras historias a la gente. Pero la gente tendría que tener también la obligación de soñar. El único puente de colaboración que debería existir entre quien escribe y quien lee es la gratitud. Por lo que me das y por lo que te doy. Gratitud por todo aquello que necesitamos y, sin pedir nada a cambio, nos entregamos mutuamente. Esto de la literatura no se trata de una empresa asociada a otra, ni estamos hablando de una ONG vinculada al tercer mundo, o de varias unidades específicas de cualquier hospital que se necesiten unas a otras para sacar a un enfermo adelante. Aquí entramos de lleno en los capítulos internos de la vida de cada uno. Si necesito adentrarme en un mundo inolvidable que me reconforte, soy libre de entrar al teatro o de comenzar un libro. Es, como ya he dicho, el puente de la gratitud. El puente de la libertad de acción. El puente de la libertad y el respeto. Todo lo demás vendrá por añadidura.
En cualquier pueblo o ciudad de España, Europa o en otras partes del mundo, contamos con magníficas bibliotecas, centros cívicos, teatros… Hace unos días asistí a un acto de presentación de un libro de Albert Camus con presencia de su traductora y de una nieta de Camus. La sala estaba llena, pero apenas unas cinco personas tendrían entre los 18 y los 25 años. ¿Qué hay que hacer para que la generación más joven se una y tire con fuerza de actos como el citado?
Sí, lo sé, lo sabemos todos. Hoy los chavales, la gran mayoría de los jóvenes de nuestra sociedad, de cualquier sociedad de cualquier país del mundo, leen poco o casi nada. La lectura parece ser que hoy día entra mejor con la imagen (cine, teatro, televisión, móviles, internet). Parece ser que el simple gesto de abrir la primera página de un libro es bastante aburrido para ellos. No sé si es culpa de nosotros, los escritores, que no somos capaces de dar en la tecla que enganche con historias que llamen su atención, o culpa de la educación recibida por sus padres, o culpa de los profesores que no supieron engancharlos a este hermoso hábito de leer, o culpa de la desidia y la falta de valores e inquietudes de esta sociedad. No lo sé, de verdad. Hemos entrado en una era extraordinaria de comunicación pero hemos salido por la puerta de atrás de los sueños que nos mantienen en pie. Ahora los sueños pasan por la Play y los vídeos de caídas en la calle. ¿Seremos capaces entre todos de dar la vuelta a esta miserable tortilla? ¿O es que lo que nos espera es esto y más de esto? Estaremos atentos. Yo, por si acaso, seguiré escribiendo sueños mientras pueda por si alguien se apunta.
Fotograma de la novela Donde crecen los otoños.
En EEUU, los intelectuales de prestigio desde hace décadas escriben en revistas especializadas, dejando al margen a la prensa de masas. En España, se tendió hacia la prensa generalista. ¿Qué publicaciones híbridas se pueden hacer para acercar sus reflexiones al gran público?
Hoy por hoy, pienso que el formato de prensa existente en nuestro país es el que hay y no tengo más remedio que pensar que es el correcto. No veo otra forma de llegar al gran público. Los periódicos y revistas generalistas son los únicos que tienen esa capacidad de alcance. La prensa especializada no tiene apenas cabida y se debate permanentemente entre el cierre o la pérdida. Me cuesta trabajo imaginar otras formas. Lo siento.
¿Qué análisis haces de los medios digitales en la difusión de la labor del escritor en esta época y su comunicación con sus conciudadanos?
Es fundamental. La difusión de una creación no tiene más remedio que pasar, hoy por hoy, por cualquiera de los medios digitales a nuestra disposición. Promoción, impulso, publicidad. Los canales alternativos que ofrece internet son básicos y esenciales para dar a conocer cualquier cosa. No eres nadie si no estás en la red. Es una ventana infinita de posibilidades. Y en el caso de los escritores, como en el de cualquier otro arte, mucho más, se nos abre un mundo extraordinario de posibilidades. Buscas tu sitio, encajas y te expandes. Estás hoy hablando desde aquí y tu información, lo que cuentas, tus sueños convertidos en palabras llegan a todos los rincones del planeta. Y con toda seguridad, mañana, será aún mejor. El papel se nos ha convertido en vidrio de pantalla, en plasma del alma, en instrumento de futuro.
¿Qué literatos del pasado y actuales consideras que han realizado y realizan una labor valiosa a nivel cívico, y por qué?
Bueno, sería incontable poder enumerar la cantidad de escritores que han realizado una labor asombrosa a favor de los sentimientos. Por lo menos, para mí. Desde el Siglo de Oro hasta nuestros días un sinfín de hombres y mujeres nos han ido marcando el rumbo del camino a seguir. Cervantes, Borges, Shakespeare, Dostoievski, Víctor Hugo, Óscar Wilde, Neruda, Verne, García Márquez, Machado, Lorca, Unamuno, Hemingway, Auster, ... Yo qué sé, miles y miles de personas tocadas por un don extraordinario, por un verbo ágil y embaucador capaz de hipnotizar y subyugar a todo aquél que se les acercaba. La lectura de sus escritos nos ha hecho luchar por unos ideales, nos ha embarcado en la afanosa tarea del amor, nos ha descubierto parajes y lugares maravillosos, nos hemos batido en duelos mágicos, en aventuras sorprendentes, en historias imposibles, nos ha hecho llorar, y reír, y cantar, y volar. Nos ha hecho ser mejores personas, hemos aprendido, hemos blasfemado, hemos visto la luz y las sombras, nos ha hecho navegar por océanos y silencios, por sinfonías y mundos al borde del caos. Nos ha convertido en personas más felices, más amantes, con ideales, con sentimientos. Hemos sido capaces de soñar gracias a ellos. Una labor única y extraordinaria imposible de pagar. El hombre es lo que ha vivido, lo que ha amado, lo que ha sentido y, cómo no, lo que ha… leído.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Me gustaría aprovechar esta oportunidad que me brindas para hacer un llamamiento a la juventud, a todos esos jóvenes que aún les cuesta abrir la página de un libro, de cualquier libro, y adentrarse en un mundo prodigioso y extraordinario. Por favor, probad esta droga llamada literatura, acercaos a ella sin miedo, es fuego que arde en las venas, hará cambiar vuestras vidas, veréis luces sorprendentes que ni os imagináis. Probadla a pequeñas dosis, despacito, esnifando cada una de sus palabras, sintiendo cómo inunda vuestra mente, vuestro cuerpo, vuestra voluntad. Eso sí, una vez enganchado, os advierto muy en serio, es imposible salir de ella. Necesitaréis más. Y más. Y más. Y, al final, moriréis irremisiblemente en otra dimensión donde sólo son posibles, la luz, los sueños y la verdad.

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