Generosidad europea


Un pequeño detalle en el que me he fijado desde comienzos de este siglo cada vez que he tenido la oportunidad de viajar por Europa y España, unido a conversaciones profundas con personas que han vivido o viven en esos países hermanos, refleja el aprendizaje de nuestro pasado común: la generosidad con la que servimos la mesa. Ya estés en Lisboa, Sevilla, Múnich, Praga o San Petersburgo, los alimentos dan para comer no solo a los que están sentados a la mesa sino también para invitar a alguna persona más. Es posible repetir porque se cocina con alegría. El recuerdo de las guerras civiles o de las dos guerras mundiales y sus posguerras, ha dejado una huella en las sucesivas generaciones europeas. Es un legado que nos han ido transmitiendo nuestros abuelos.
Si hace unos días os recordaba el logro que ha supuesto el Programa de Becas Erasmus, y de ahí su importancia no solo en mantenerlo sino en mejorarlo en los próximos años, hoy os voy a hablar del éxito que ha sido la Política Agraria Común (PAC) desde que los llamados Padres de la Patria Europea se pusieron manos a la obra. Desde finales del siglo pasado, la misma ha empezado a morir de éxito dado que somos afortunados de producir más de lo que requerimos a diario. Eso explica en buena parte el matiz de la buena y abundante alimentación que ha dado pie a esta tribuna. Recuerdo en nuestro curso de doctorado sobre la Historia de Europa en el siglo XX, que impartían los historiadores Juan Pablo Fusi y José Varela Ortega en el Instituto Universitario Ortega y Gasset, cómo nos hacían hincapié en datos que explicaban y ayudaban a entender por qué había mejorado la esperanza de vida de los europeos en el último medio siglo.
Ahora que se acercan días y semanas de un consumismo desproporcionado, bueno será que cualquier europeo mantenga en equilibrio esa euforia a punto de desatarse por varios motivos.
Primero, porque no es bueno pasar de la alegría descontrolada al pesimismo, y esa bipolaridad que tanto se ha asociado al pueblo español, también se da en el resto de pueblos europeos. Reparemos en detalles como la oleada de manifestaciones por reivindicaciones humanas y sociales que se vienen sucediendo en cualquier rincón del continente desde la primavera de 2011 en respuesta a la austeridad opresora de los gobiernos nacionales.
Segundo, porque es bueno comenzar el año con una sensación de que tenemos que continuar con los proyectos de los años anteriores que nos ilusionan y que son las razones vitales. La denominada cuesta de enero que no lo sea, sobre todo, si antes hemos sido capaces de no dejarnos engañar por la fiebre consumista voraz de las navidades. Apuesto porque celebremos cada día del año porque es sinónimo de levantarse cada jornada con un espíritu alegre al tener una ilusión que llevar a cabo.
Tercero, porque es bueno para la salud emocional y física. En este mundo que las sociedades han hecho tan materialista, pararse a pensar y sentir qué es lo que realmente queremos para vivir, es el primer paso para saber cómo queremos ser felices. En la mayoría de las ocasiones, un trozo de pan bien hecho, un poco de queso, una copa de vino y una buena tertulia junto a los seres amados, es el mejor regalo cotidiano, la vivencia más sabrosa.

Comentarios

  1. consumamos...cultura. Consumamos....el tiempo para tender la mano al otro. Consumamos....solo lo que de verdad se necesita. buen post amigo

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  2. Está claro que todo cuesta y todo es consumo, pero hay determinados consumos que son más que necesarios, no por su gasto que si bien es mínimo, muchas veces es necesario.
    Excelente como siempre, Manuel

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  3. Patricia y Felipe, gracias por estar ahí siempre. Un abrazo para ambos.

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