Juan Guerrero: "Es la voluntad intensa de unos labios que te dicen bésame"

Tiene el placer el Rick´s Café de sentarse con el escritor Juan Guerrero Sánchez que acaba de publicar Excéntrico (Cuadernos del Laberinto). Hablamos con él del proceso creativo de esta novela y de cómo él concibe la escritura, y a través de ella la vida. Mira el mundo y las circunstancias con su pupila profunda y sensible que nos descubre a unos personajes, que como los de Valle Inclán, ven lo que sucede con una luz diferente.
Suena la música de Yoko Ono, y nos detenemos a gozar de una buena tertulia en compañía de los buenos artistas, contemplando los dibujos de Fran Cantón que acompañan a esta novela.
¿Por qué el psiquiatra de tu novela no cree en la amistad?
Me interesa mucho esta duda. Me lo han preguntado varias veces. Es sarcástico, todos creemos en la amistad de un modo casi trascendental, y luego, en un sinfín de ocasiones, trivializamos la práctica con entregas mediocres.
Las palabras más importantes, al igual que las experiencias, con los años y la vida, se pierden en el flujo incesante del rayo que no cesa. Cuando somos niños son pedestales que después pasan a formar parte del paisaje, y de eso todos sabemos…
El personaje que rescatas para desarrollar el tema sí que cree en la amistad, a pesar de negarlo en su interior, porque Excéntrico es eso, pensamientos. Esto es algo que hacemos todos y que, perdona si resulto dogmático, interpretamos en ciertas ocasiones en nuestro fuero interno. Esperamos mucho de la amistad, y la reciprocidad y su boomerang nos deja a todos noqueados en ciertas etapas de la vida. Cegándonos y posicionándonos en ciertas formas de entendimiento sobre los pilares que nos sostienen.
Normalmente expresamos emociones, disfrazadas de conclusiones, que resultan categóricas y que son sólo el efecto de esos momentos de catarsis que nos afectan de una forma multidireccional. El amor, el equilibrio, la soledad y muchas de sus variantes influyen en gran medida. No podemos ser tan previsibles, pero tampoco incuestionables por lo que pensamos en determinados momentos. El psiquiatra estaba en su momento…
¿Cómo te has documentado para escribir Excéntrico?
Los procesos creativos son como mis libros, irregulares, caóticos, poliédricos, sin jerarquía. No tengo ningún tipo de método o procedimiento.
Escribo a raíz de experiencias concretas, conversaciones, reflexiones. Soy tremendamente bruto a la hora de escribir y soy un terrible lingüista. No miro lo que voy escribiendo, mis correcciones son sobre contenido, pocas veces de forma, o estilo. El tratamiento de contenido es constante, y lento, y en muchas ocasiones las palabras son el continente, y yo que soy un loco, las paso por alto. Sentir es más importante para mí.
Me documento de imágenes, mientras suena la música (esencial y muy deliberada), a veces investigo ciertos temas en los libros y paralizo la historia, leyendo. Otras me lanzo a internet. Tengo la mesa de trabajo a rebosar. Soy impulsivo y experimento constantemente.
En dos de los personajes de la novela, Daniel Cortázar y Narcissus, aprecio una simbología con el apellido y nombre. ¿Por qué los elegiste?
A Cortázar, ya se sabe, ¿no?, disfrutar de su compañía es siempre inspirador, lírico, es una razón química. Narcissus, no sólo por Waterhouse y el universo prerrafaelita que admiro profundamente, sino ese trasbordo desde un lado tangible a otro sagrado, pero no como lo pintan las creencias basadas en la fe, es una forma de enlazarme, mientras me desnudo, con el Romanticismo y sus manifestaciones más intrínsecas.
¿Qué te ha hecho recurrir al relato corto para construir los capítulos y la trama?
Imagino que es porque no entiendo lo que sale de mi cabeza como una pieza única con principio y fin. Escribo a modo de puzle, cada pensamiento, un fragmento que elaboro y la historia va saliendo sobre la marcha. Me gusta pararme, y girar, colorear, y luego imaginar el siguiente paso. Mi próximo libro tiene una estructura similar.
¿Qué has pretendido con ese capítulo surrealista en el que desaparecen la cocina, el cuarto de baño, el dormitorio o las estanterías de la biblioteca?
No hay pretensión, es más un intento de soltar rienda y volar con menos peso por espacios más íntimos. Me interesa mucho más lo que no se toca, lo que no se ve, lo que no se dice, todo eso cobra mucha fuerza cuando lo haces visible. En el libro hablo de la suntuosidad innata y de los efectos de esa autoridad que se descarga sobre nosotros a través de ciertas personas que poseen un halo misterioso, su influencia es enorme.
No es que desaparezcan las paredes…, es que a veces estamos ante otras realidades en donde no necesitamos las paredes o la cama, o las estanterías, ni las vemos, ni nos hacen falta… simplemente han desaparecido. ¿No te ha pasado alguna vez a ti?
Aprecio en los personajes de Daniel, Laura y David un denominador común: carecen de amor en sus vidas. ¿Qué influencia tiene eso en sus circunstancias y en sus neurosis?
Estoy de acuerdo en cierto modo, una vez terminas la historia cobran mayor sentido ciertas guadañas. Daniel y Laura amaron y mucho, lo de David es otro tema mucho más trascendental y no quiero desvestir la obra, por lo menos déjame apagar la luz…
Las circunstancias son las que son, naturales, las neurosis igual… El tema está en que como la historia crece a bocados de pensamientos, el alimento de Excéntrico está hecho de cálculos, reflexiones, abstracciones, ensueños. Todos estamos en busca del amor y quién lo busca en toda su extensión, pasa por esos procesos. A mí me resulta atractivo a más no poder, lo que pasa es que contamos lo que nos permite la convivencia con los demás en estos tiempos de hierro y frío. Y por ocultarlo, parece que no sea algo que enriquezca… Y mira a Bécquer, para derretirse…
¿Qué habéis buscado con las ilustraciones interiores de la novela?
Las ilustraciones salieron el día después de que Fran Canto terminara de leer el libro. Hablamos de Excéntrico, largo y tendido. Terminamos viendo imágenes de Brenda Heim, a quién él idolatra. Aquel día sonó Yoko Ono todo el día, con la canción Rising II realizó todos los dibujos de una forma espontánea, siguiendo la melodía a través de las pinceladas.
Escuchando la lluvia caer, él matizó que la técnica era: Zen no-mind…, y yo ya estaba convencido. La colección original consta de 13 ilustraciones de 48 x 36, realizadas en acrílico, en papel acuarela. Y la llamamos Arquitectura de paisajes espontáneos.
De todo lo que salió aquella mañana, seleccioné yo mismo las que más me hacían sentir. No buscábamos nada, más bien estábamos encontrando una pieza que le faltaba a mi rompecabezas.
Como escritor, ¿qué te han aportado Shakespeare o Byron, David Bowie y Sabina?
Si te soy sincero no lo tengo claro, y sería insano lanzarte como respuesta un discurso circunstancial que me hiciera parecer un tipo culto. Tanto Shakespeare como Byron son estandartes innegables y siempre me han interesado, quizá Byron me ponga más. Al igual que Bowie o Sabina y la influencia de todos ellos es transversal, menos relativa en unos que en otros, claro está. A Sabina le respeto. Bowie es todo un fenómeno y con sólo mirarlo ya tengo bastante…
Si quieres referirte al impulso que provoca en mi trabajo la influencia de otros, el tema cambia. Me aportan mucho las galerías de arte, los paisajes urbanos, la fotografía, las conversaciones imprevisibles, una canción inadvertida, un trueno, una frase que escuche en el súper, una melodía lejana, una mirada de un desconocido. La influencia de lo que no decimos a ciertas personas que te atraviesan el alma, el marcharnos de un encuentro sin terminar algo que ha empezado… Estoy todo el día dándole vueltas a mi brújula emocional, buscando.
Describe el deseo que siente el psiquiatra hacia su paciente Laura.
Es el relámpago que se siente cuando te encuentras con esa persona con quien descubres que tienes una química imparable. Cuando miras a los ojos a alguien que parece que conoces desde siempre y a pesar de ello te cuesta mantener los ojos fijos, sucumbes ante su belleza. Es la voluntad intensa de unos labios que, por alguna incontrolable razón, te dicen bésame. Cuando bajas la mirada y los investigas, te das cuenta de que te estás desnudando, no te importa y cruzas la línea, puede más la atracción que la evidencia. Ya nada puede parar lo que sientes…
Luego empiezan a llover pasión sin control, su pecho, sus manos, su sonrisa, su traición, su silencio, sus curvas, su olor, el volcán en erupción. Desde ese punto ya se ha perdido todo, o se ha ganado. Sólo hay que seguir hasta el final, porque ya no se puede parar, aunque quieras.
Desde tu experiencia en Cambridge, qué análisis haces del mundo editorial en nuestro tiempo.
Puedo hablar del mercado editorial educativo, que es en el que trabajo principalmente. Cambridge es un buen sitio para trabajar, mi experiencia ha sido y es muy satisfactoria. Estoy rodeado de gente que sabe lo que hace, donde nadie pisa a nadie y donde el sentido común, es común y tiene sentido.
El mundo editorial está en un muy mal momento. Es una etapa de cambio brutal, se termina un ciclo en una sociedad que está siendo dilapidada con normas e injusticia, saqueada a causa de un caciquismo ausente de cualquier ética, y desintegrada y oxidada por el dinero. Esto es aplicable a cualquier tipo de negocio. Hoy casi todo es mentira, vivimos entre cortinas de humo. ¿Qué análisis del mundo editorial voy a hacer?, mientras esté detrás el ser humano, y en este momento de la humanidad…. Malo.
Siempre nos quedan el resto de animales sin pantalones, y esas minorías interesantes, deslumbrantes y pacientes que hacen las cosas a su manera y oxigenan este sistema nervioso estrangulado. Nunca es tarde.

Comentarios

  1. Gracias Manuel,

    Un placer estar en tu blog. Un referente que respeto y que representa una generación que todavía tiene mucho que decir.

    Un abrazo

    Juan Guerrero

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  2. Gracias a vosotros Juan y Antonio por seguirlo. En unos días, estaremos estrenando la revista digital. Os espero a vosotros y a todos los que se la deis a conocer.Un abrazo.

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  3. Yo me siento parte de esa generación. Enhorabuena por la novela, Juan. (Bárbara)

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