Mandela, maestro de la reconciliación

La muerte de Nelson Mandela ha generado una oleada de admiración, cariño y respeto universal. Hacía tiempo que no veíamos que una persona y figura dedicada a las cosas de la polis, fomentara esta unanimidad de declaraciones incluso entre aquellos que fueron sus enemigos y entendieron al verle vivir que estaban equivocados con sus pensamientos y acciones en contra de él y de la población negra. Y entre los políticos de hoy que vienen demostrado su falta de honradez, competencia y profundidad de miras para colaborar en los asuntos comunes. Entre estos últimos la sensación que queda al menos para quien escribe esta tribuna, es que persisten en sus hipócritas correcciones públicas. Si fueran sinceros, ellos a diario no practicarían la filosofía del enfrentamiento que llevan a cabo.
Y ahora muerto Mandela, ¿qué toca hacer? Mirando desde las circunstancias de cualquier persona que vive en España, en este país que hace cuatro jornadas celebraba el treinta y cinco aniversario de la Constitución, hay mucho por hacer con temas que de manera continua salpican el día a día de la convivencia democrática en buena medida por la actuación de los políticos maniqueístas, de medios de comunicación que funcionan como propagandistas de los intereses de unos pocos, y de los grupos ciudadanos que se dejan arrastrar por esa oleada de posiciones enfrentadas y que no representan a la manera de convivir de la mayoría.
Primero, el tema de la memoria histórica por los trágicos acontecimientos de la Guerra Civil. Ya es hora de que este tema deje de ser asunto de enfrentamiento de dos bandos que llevaron a España a esa calamidad y que arrastró consigo a hombres y mujeres que ni eran de un bando ni de otro. Dejemos que los muertos de todos y sus descendientes descansen en paz. Por eso, por un lado, es imprescindible que los bandos enfrentados desde poco después que entrara en vigor la Constitución de 1931 dejen ya de tirarse piedras. Y, por otro, que ningún grupo mediático ni social les entre al trapo.
Segundo, la cuestión de ETA y los falsos nacionalismos. Para tranquilidad de todos y de las familias que han sufrido directamente la plaga terrorista, se puede revisar con luz diáfana el encarcelamiento de los presos, ver cuánto tiempo aquellos han pasado en prisión. Tengamos presente que el máximo establecido en nuestro ordenamiento jurídico es de treinta años.
Si miramos a comienzo de este siglo, vemos que el PNV junto a HB encabezaban un movimiento independentista falso porque España desde 1492 es un país unido a partir de sus diversos reinos por la libre decisión de aquellos entonces. La derrota del plan Ibarretxe fue manifiesta. Hoy en día, cuando vemos los intentos de ERC y Convergencia en Cataluña, a los convergentes decirles que ya está bien de demagogia aplicada para sacar tajada económica para ellos. Región que está cubriendo sus necesidades financieras gracias al apoyo del resto de españoles. Partido Convergencia que por cierto como todos los que en España han alcanzado el poder, está inmerso en causas judiciales por casos de corrupción, algunos de ellos ya con condenas firmes. A ERC, una calamidad política, como ya lo fue en los tiempos de la II República, hacerle ver al resto de la mayoría del pueblo catalán que ellos han de demostrar en el día a día a sus conciudadanos catalanes que es un error histórico en un mundo en el que tenemos que ir a la integración de proyectos. La desunión en las causas comunes es una equivocación, que en las circunstancias decisivas de la vida acaban provocando injusticias. El resto de españoles no podemos permitirnos entrar al trapo de esos juegos repugnantes de unas minorías. Bien haremos en no darles el protagonismo social ni mediático que se les presta ni merecen.
Para ir cerrando esta reflexión, volvamos al origen de la misma, la figura y el ejemplo de Nelson Mandela. En Sudáfrica toca seguir su obra que en el fondo es el proyecto de cualquier ser humano que quiera convivir en libertad, con igualdad de oportunidades y construyendo una democracia sana. Su faro es luz que puede alumbrar al resto de África, continente que lleva décadas sufriendo penalidades de todo tipo. Como la savia del árbol cuyas raíces brotan desde el interior de la tierra, su sabiduría es una fuente para las generaciones presentes y futuras del resto del mundo.

Comentarios

  1. Muy interesante el artículo y reflexiones muy acertadas. Enhorabuena! y ojalá hubiera más Mandelas y menos hipocresía en este bello planeta.

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  2. Muchas gracias Rebecca por tus lecturas y comentarios.

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