Una mujer buena, servicial y comprometida...

... así era Rosario, fallecida el pasado domingo 23 de octubre... Ha podido disfrutar de la alegría de ser abuela. En el Responso que se celebró en su Honor, una de sus nietas recibía el apoyo de su madre y tía ante el desgarro emocional que sufría la joven investigadora.


Ya sabemos los que hemos tenido la buena suerte de contar con la presencia de abuelos que ejercieron con ilusión y cariño su papel, lo importante que es la figura de aquéllos en la vida de cualquier niña o adolescente. Juegan, cuando los abuelos ejercen su función con plenitud, una tarea clave: son transmisores de un legado intergeneracional. Del respeto a actitudes, comportamientos y valores que nunca se han de perder, uno de ellos precisamente el respeto al otro, a los demás. 

Conocí a Rosario y a su marido Manuel -como a Ella le gustaba llamarlo- en mi niñez. Ella venía a casa de mis abuelos paternos a ayudar a mi abuela en las tareas domésticas. Manuel, tras años desempeñando tareas de conductor en una empresa de transporte, por unos problemas en la columna vertebral que le hicieron recibir la invalidez profesional, también sumaba otro complemento a la economía familiar de ellos haciendo de chófer y otras tareas para mi abuelo. Éste tenía dos conductores: su hijo y Manuel. A pesar de su altura, el sobrepeso y tantas horas de pie durante la venta en Mercasevilla le hicieron dejar de conducir pasados los cincuenta y pocos años.

Solía coincidir la llegada de Rosario al hogar de mis abuelos cuando yo iba para mi colegio. Su voz amable y dulce formaba parte de mis mañanas de viernes. Luego volvíamos a reencontarnos al mediodía, cuando, por un lado, Ella había terminado su trabajo doméstico en la casa de mis mayores. Y yo regresaba de mis clases. Solía tomar con mi abuela y Ella el aperitivo del mediodía en la cocina.

Durante la enfermedad que desembocó en la muerte de mi abuelo Manolo, su marido desempeñó una tarea importante: Nos llevaba a veces a la consulta del Dr. Tomás Santacruz que era quien le trató durante todo el tiempo. Y cuando ya en la primavera de 1981 se vio obligado a ser ingresado en la Clínica Santa Isabel, Manuel nos llevaba a mi madre, a mi hermana y a mí las tardes de lunes a viernes a ver a nuestro abuelo. 

Era frecuente en mi niñez, bien encontrarme con Manuel y los amigos comunes de mis abuelos en el Bar de Jaime: que se convirtió en un referente de la Tertulia política improvisada de los tiempos de la Transición. Allí viví en el mediodía del 24 de febrero de 1981 el final del Golpe Terrorista de Tejero escuchando la voz de José María García por las ondas radiofónicas. 
O bien, subir a casa de Rosario y Manuel donde también recuerdo tres anécdotas con total nitidez: Una, el compromiso con sus dos hijas que estaban cursando estudios universitarios. Una de ellas, Araceli, conoció a su entonces compañero de estudios el libanés Alí y luego marido. Esa convivencia con Ali amplió mis horizontes. Siempre atento no sólo a sus estudios de Medicina, sino también a la vida española.       
Dos, el secuestro del futbolista Enrique Castro "Quini" por ETA, y que fue liberado para alegría de todos.
Tres, la dedicación de Rosario a la vida familiar tras haber estado trabajando fuera desde la mañana.

Pasaron los años, y era frecuente reencontrarnos en las calles del barrio y pararnos a conversar. Durante mis tres primeros cursos universitarios en los años noventa, solía recibir sus recuerdos en mis conversaciones telefónicas dominicales con mi abuela Gloria
Ya en los tiempos más recientes, la veía caminar con dificultad apoyada en una muleta. Y recuperar la sonrisa y la alegría cuando sus nietos, hija y yerno venían desde el Líbano para pasar las vacaciones, y reencontrarse con su otra hija, su otro yerno...

Le costaba viajar fuera de Sevilla y de España. Fue presa de esos mensajes más propagandísticos que periodísticos de ciertos medios que presentaban al Líbano y la región adyacente como un avispero lico. El día que esos propagandistas y medios pasen de emitir propaganda a comunicar información, personas como Rosario superarán temores y viajarán con más asiduidad. Cuando esos días lleguen, todos nos habremos de alegrar de que hayan profesionales del Periodismo y la Comunicación más serios y comprometidos, lectores que contrastan lo que leen, escuchan o ven. Será un tiempo en el que la comunicación interpersonal será más sana y permitirá una convivencia mejor para la mayoría en cualquier circunstancia.     

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