Nuevas formas de viajar


En nuestro tiempo, se están abriendo nuevas formas de viajar como, por ejemplo, compartir coche. Blablacar se ha hecho un hueco importante entre los viajeros que cruzan España y también ya otros países. Es una fórmula económica de hacer viajes, que permite reducir gastos y para los más audaces hacer negocio. De estos últimos los hay que aprovechan sus buenos coches profesionales con dietas de transporte pagadas, y su experiencia al volante, para sacarse un extra que destinan a disfrutar con la pareja o con los amigos a lo largo del fin de semana.
 
Los conductores con más kilómetros eligen con quiénes van a viajar. De esta manera buscan tener un viaje tranquilo, agradable y asegurarse el pago del mismo. Entre los viajeros, además de disfrutar de viajes más económicos, también los hay con una importante conciencia ecológica. Compartir coche disminuye la contaminación de la atmósfera, reduce el consumo de gasolina o gasóleo, y el alquitrán de las carreteras dura más.
 
Estos desplazamientos ofrecen a conductores y viajeros disfrutar de libertad horaria, lo cual agradecen unos y otros que organizan aquéllos en función de sus circunstancias. Ciudades españolas que no están conectadas por líneas de autobuses o por tren, se ven favorecidas por la existencia de servicios como Blablacar, Amovens o Viajamosjuntos, que permiten a personas desplazarse de unas urbes a otras. Mientras esto está ocurriendo, las grandes compañías de autobuses guardan un sepulcral silencio.
 
Entre los pasajeros, los hay de los más variopintos. Pasemos a los detalles de estos intraviajes, al modo de las intrahistorias unamunianas. En las rutas de la Península Ibérica, ya existe el efecto Amelie, disponer de tiempo libre siendo abuelo o abuela, y encarar la viudedad viajando de ciudad en ciudad en su tiempo libre. Nuestra amiga Amarfilada nos informa del caso de una jubilada que perdió a su marido y que alentada por sus hijas, se lleva recorriendo España y Portugal en los últimos años. Su primera aventura viajera fue entre Madrid y Sevilla, pero desde entonces, esta abuelita le ha cogido gusto a viajar y se está recorriendo las tierras de la Península de sur a norte. Igual se pasa unos días en Oporto que disfruta de las sierras del Guadarrama.
 
El espíritu aventurero lo comparten personas de diferentes edades y generaciones. Rúas nos comenta el ejemplo de una geógrafa y empleada de una empresa pública, que pertenece a la generación de 1974, y que disfruta del esquí y de la montaña yendo y viniendo por las rutas de España desde su sur natal. Amanecer a orillas del Guadalquivir y veinticuatro horas después estar disfrutando de la nieve en Lérida, tras haber hecho transbordo en Madrid, noche en las tierras de Castilla y llegar a la estación de Baqueira Beret al mediodía. 
 
¿Y qué deciros del amor? No conoce fronteras ni obstáculos, si tienes un vehículo que compartir. Así nos lo relata Gregor McEwan, corresponsal del New York Times en España, y que entrevistó a un farmacéutico sevillano que trabaja como delegado comercial de un laboratorio internacional, y que los fines de semana se desplaza desde la ciudad en la que ha hecho su última visita comercial hasta Madrid para reencontrarse con su amada, que cursa estudios de Maestría.
 
Viajar en coches compartidos no conoce nacionalidades, como Dorothy Perkins, traductora irlandesa de cincuenta años y afincada en Madrid. Amante de conocer nuevos paisajes, plazas y calles con embrujo, cada mes organiza un viaje para seguir descubriendo España.
 
Y qué ocurre cuando la vida profesional se ve obligada a recorrer una nueva trayectoria. Esto es lo que le sucede a un ingeniero informático que después de una brillante carrera en una empresa que fue cerrada como consecuencia de la crisis económica, viaja desde la capital de España hasta Sevilla todas las semanas desde hace año y medio para reencontrarse con su mujer e hijos. Con cincuenta años y dos años cumplidos, se organiza su semana laboral para cada jueves por la tarde o el viernes por la mañana salir desde Atocha y llegar a Sevilla por la Ruta de la Plata.
 
Nunca fue más fácil llegar al sur de nuestro país. La Ruta de la Plata, la A-4, o si van por la costa a través de la ruta del Mediterráneo. Cruzarse Despeñaperros, alcanzar la cornisa cantábrica, o llegar a los Pirineos. Otra muestra más del desarrollo económico y en infraestructuras alcanzado por España y los españoles desde los años sesenta del pasado siglo.
 
La próxima semana, y coincidiendo con la operación Semana Santa, Rúas, Amarfilada y Gregor McEwan os contarán nuevas aventuras viajeras. Hasta entonces, no olvidéis de ser felices.

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